viernes, 17 de julio de 2026

Quillacolleña amable

Voy inflando la cámara que contiene mi rueda delantera. Apegada al bordillo hay una vendedora de fruta. Dos carros estacionados separan del tráfico la acera sobre la que tengo, volcada, a mi bici. De la casa a cuya cortina metálica me adjunto, sale una señora algo mayor que yo, y, diciendo al taxista que se vaya, acaso no ve que estacionó por donde va a salir otro auto, lo despacha. Su arenga no es amarga.

Ahora se ocupa de mí. Bromea con suavidad sobre que yo he abierto un taller de reparación de bicis delante de su casa. A la frutera le dice que si su carretilla necesita atención, ahí estoy yo. Tocándome leve el hombro, me dice que puedo quedarme, no hay apuro, todavía no va a usar el paso de salida de su garaje. Cambiamos otras trivialidades. La frutera, que antes rió, ahora sonríe.

De cuclillas, acabo de inflar. Me felicito de haber dado con un punto donde el ruido del tráfico es amortiguado por la fila de carros aparcados, y cuya pared de retiro no tiene eco, una acera en la que para los constantes peatones hay aun espacio al lado de mi bicicleta, por el que de costado se escurren. Veo que la acera amplia y despejada de la esquina cercana, que era mi lugar mecánico alternativo, es del todo expuesta a la inclemencia tráfica, habría estado llena de ruido.

Acomodadas las cosas de arreglar bici, cargo a los hombros la mochila. Desde su puerta, la señora vecina se despide amable.

La ocasión mecánica fue rápida: una fuga de aire debida a rotura de la delgada manguera de goma que envuelve el huso de la válvula.

dice el farmacéutico Omar de Gaza

dice Omar en Gaza:

Me digo a mí mismo cada día: No te mueras. No te canses. Ve que las niñas estén bien. Busca agua. Revisa que no haya agujeros en la carpa para que no haya goteras. Y luego, levántate: no te mueras.

No se te ocurra morirte de cualquier enfermedad tonta. Resiste. Guarda tus lágrimas para un día más doloroso. No te atrevas a decir: "Estoy cansado".

Busca comida. No tengas miedo a las bombas. Junta tus cosas y escapa. Arma la carpa. Vuelve a escapar... no te canses. Escribe, y vuelve a escribir, y sigue escribiendo. Escribe tu propia muerte con tus mismas manos: no dejes que nadie escriba sobre ti.

Vive, y no te mueras.

-- Omar Hamad | عُـمَـرْ 𓂆 @OmarHamadD en twitter, 27 de junio de 2026

el farmacéutico Omar, de entre 35 y 40 años de edad, cuida a sus tres hermanas sordas; es un hombre flaco; últimamente, se dedicó con otros a rescatar libros de debajo de los escombros, restaurarlos, acomodarlos en estantes

como casi todos los gazagüis, él y su familia fueron desplazados a la fuerza por Israel más de diez veces en los últimos 3 años; como a todos en Gaza, Israel le mató a decenas de su familia extensa (en Palestina, las familias son más grandes y más entretejidas y solidarias que en nuestro país)

cuentan varios, y entre ellos, el analista político gazagüi Muhammad Shehada, de unos 30 años de edad y que vive en Europa, que, antes de que Israel iniciara en el 2023, con una decena-promedio de masacres diarias, su genocidio en Gaza, no pocos palestinos allí ya masticaban el suicidarse

¿por qué?

muchos años de estar encerrados en la franja de Gaza por Israel, hambreados, masacrados cada tantos meses, despojados de oportunidades, de economía, de dignidad

en Gaza, desde antes del genocidio, es grande la depresión entre niños pequeños; últimamente, no son pocos los niños con ideas suicidas; lo vocalizan así: quiero ir al cielo (en árabe, yena) para estar junto a mi mamá / papá / hermana / hermano... ahí, no va a haber bombardeos, ni hambre

pero, hasta donde sé, los suicidios son, o muy pocos, o inexistentes

la explicación la da el farmacéutico Omar: los gazagüis se tragan su dolor, se ajustan los cinturones, porque tienen la responsabilidad de cuidar a los que quieren, el deber de, existiendo, resistir al genocida sionista

la población de Gaza, más de dos millones antes del genocidio, procede en sus 3 cuartas partes de familias palestinas desplazadas por Israel hace 80 y hace 60 años; algunos gazagüis, estirando la vista fuera de las vallas israelíes, podían ver, oler los campos de donde los expulsaron a ellos, o a sus padres o abuelos, campos ahora adueñados por colonos israelíes sionistas

dicen los que conocen que la gente de Gaza se diferencia de la de Cisjordania, Jerusalén e Israel-48 en que, siendo tantos de ellos refugiados, son como una selección, un mosaico de lo mejor de Palestina; de ahí viene la excelencia gazagüi en medicina, en ingeniería, agropecuaria, poesía, y en resistencia, no violenta y también armada

hace muchos siglos, se inventaron en Gaza los paños de algodón tejido suelto para revestir heridas; hoy, herida casi de muerte, Gaza nos está curando nuestras heridas a todo el mundo... teológicamente, humanamente, Gaza de Palestina es la sanación nuestra, la de esta tierra lacrimosa

jueves, 16 de julio de 2026

Tres distancias a la bici

Montado uno en la bici, ella es móvil y propia; desmontando y viéndola de cerca, la bi es linda (muestra todo lo que no sea el humor de los aires contenidos en sus tubos), y es una cosa que a uno le engrosa las piernas y a uno le acerca el lugar de destino; vista de lejos, la bicicleta es flaca, escuálida. Y de más lejos, ella -- para mis ojos ya no agudos -- se va difuminando y por fin deja de verse.