miércoles, 20 de mayo de 2026

La coyuntura politica en Bolivia en mayo de 2026

Lo que veo ahora que pasa en nuestro país es que el imperio EEUU, que es nuestro enemigo, nos ataca como país, busca disminuir nuestro presente y futuro.

Tú no te pongas de parte del imperio, ni por un momento.

Quítate de dentro de ti el rencor personal que tienes contra Evo Morales (de quien dices, repitiendo el estribillo pitita = derechista, que es "pedófilo" y que debe ser castigado por eso).

Intento aquí decirte con suavidad lo que está pasando en política en Bolivia.

Lamentablemente, hay instancias en que conviene, por un momento, para decidir uno qué hacer, separar la esfera de la política de la esfera de la moral personal de los actores políticos. Esto lo ilustró el político movimientista Wálter Guevara Arze así [parafraseo]: en política, hay veces en que uno tiene que tragarse sapos vivos. Después viene una instancia en que, también para decidir uno qué hacer, uno debe reintegrar esas dos esferas, lo político amplio y la moral restringida. Esta operación moral-política es, en la teología moral católica, el razonamiento-discernimiento del "mal menor".

Algo de historia.

1946, julio: EEUU y la derecha racista usan a la izquierda y a sindicatos para derrocar y matar al presidente Villarroel, que había abierto la participación de los indígenas en la política.

¿Qué fue la revolución nacional de 1952 a 1964? Con años de esfuerzo y poniendo muertos, el pueblo echó del gobierno a los operadores de los grandes mineros y terratenientes, y dio el poder a políticos movimientistas. El estado logró recuperar una limitada independecia frente a los extranjeros (los gringos), se redistribuyeron tierras a los campesinos, y el pueblo tuvo libertad para organizarse y luchar en politica.

1964, noviembre: EEUU, la derecha anti-pueblo y racista junto con los militares tumban del gobierno al pequeño resto de revolución nacional que quedaba, revolución misma que ya estaba, desde hacía diez años, sometida a EEUU... pero no del todo, y los gringos querían someter completamente a Bolivia.

Desde mediados de la década del 60 hasta inicios de los setenta, el pueblo, organizado en sindicatos, junto con la izquierda, intentaron hacer una revolución social contra el imperio y sus operadores en el país.

1971, agosto: EEUU, el ejército y políticos de derecha ahogan la revolución anti-imperialista, matando a gente en las calles de La Paz y en aulas universitarias (esto último fue en Santa Cruz). Empiezan siete años de represión, tortura, robo de recursos.

Entre diciembre de 1977 y enero de 1978, mujeres mineras y el conjunto del pueblo vencieron a la dictadura militar y abrieron la coyuntura democrática.

1979, noviembre: militares golpistas, apoyados por políticos, masacran en las calles de La Paz a cientos de personas que se oponían al golpe de estado.

1980, julio: oficiales narcotraficantes del ejército se adueñan del gobierno, matan a decenas de dirigentes obreros y de la izquierda.

En octubre de 1982, luego de dos años de resistencia en las calles, el pueblo logra botar del poder a los militares y abre un tiempo de libertad de organización para los sindicatos.

Entre agosto de 1985 y septiembre de 1986, la derecha, desde el gobierno, quita al pueblo sus derechos, lo desafía en Calamarca a la masacre, momento en que las organizaciones populares retroceden, se declaran vencidas. Empieza la época neoliberal, de entrega de los recursos del país a los extranjeros, de mucha corrupción y de represión al pueblo.

En abril del año 2000, el pueblo de la ciudad de Cochabamba recupera el agua, que los políticos locales y el gobierno habían regalado a los extranjeros. Esta victoria abre un tiempo de lucha con resultados. En octubre de 2003, el pueblo boliviano, encabezado por los alteños que defendían el recurso gas, recuperan la coyuntura democrática.

En octubre del 2003, el pueblo boliviano, encabezado por los alteños, recuperan la coyuntura democrática.

¿Qué fue el proceso de cambio de 2006 a 2019? Dirigentes populares junto con políticos de izquierda transan con la derecha, que les permite gobernar Bolivia, con una mediana o pequeña independencia del estado ante los gringos. Los gobernantes son corruptos y favorecen selectivamente a sectores del pueblo (como los colonizadores, cocaleros del trópico de Cochabamba, gremiales o comerciantes, cooperativistas mineros y transportistas), mientras que perjudican a otros sectores de pobres (como los indígenas de la Amazonia, el Chaco, el oriente cruceño, y del altiplano). Pero hay libertad política.

2019, octubre-noviembre: EEUU y la derecha racista, con la clase media "pitita", junto con policías y el ejército, sacan al MAS del gobierno; el nuevo gobierno golpista masacra al pueblo en Senkata-LP y Sacaba-Cbb.

2026, mayo: EEUU + la derecha latinoamericana pro-imperio, la derecha racista y anti-pueblo buscan anular los muy modestos avances de soberanía nacional y redistribución económica a la sociedad, logrados en el proceso 2006-2019, es decir, pugnan por despojar a Bolivia y hambrear al pueblo.

El concepto clave a usar para discernir en política boliviana lo creó el dirigente minero Filemón Escóbar: la coyuntura democrática es cuando el pueblo consigue libertad para organizarse y lucha por su interés [que es subsistir] sin ser reprimido con masacres.

El gobierno de Villarroel y el de Torres, que no salieron de elecciones, fueron coyunturas democráticas, usando el concepto de Filemón Escóbar, mientras que el gobierno de Barrientos no lo fue, a pesar de haber salido de una elección.

Lo que está ocurriendo ahora, en mayo 2026 (y lo que ocurrió entre noviembre 2019 y octubre 2020) es el intento de EEUU y la derecha racista de liquidar la coyuntura democrática y pasar a lo que en los últimos 60 años en Bolivia se llama fascismo, que es abolir la libertad del pueblo para organizarse, reprimirlo, hambrearlo, mientras la nación es despojada de recursos y se quita soberanía al estado y la sociedad.

Voy a repetir lo importante.

En nuestro país, cuando la coyuntura democrática es cancelada por la derecha enemiga del pueblo, el pueblo deja de tener libertad para organizarse, el estado fascista lo reprime con balas, lo hambrea, y los gobernantes roban al país recursos para entregarlos a los extranjeros (hace 2 siglos y medio, los españoles, después, los ingleses, los estadounidenses, y los brasileros, argentinos, chilenos asociados a ellos).

Voy a resumir: terminada la coyuntura democrática en Bolivia, la gente pasa a vivir mal y a ser matada en las calles y las cárceles por intentar salir de la mala vida que le imponen sus enemigos, los ricos racistas. Al pueblo le cuesta sangre el recuperar la coyuntura democrática.

jueves, 7 de mayo de 2026

Tres severas y una cuarta casera

Una severa vende ajos, maracuyás, paltas del valle, pequeñas, negras de piel las más de las veces, pacayes, en un paño puesto al suelo, sobre el que, por horas, pone también sus pies descalzos.

En las mañanas no necesita sombrilla; acercándose el medio día, la proteje la llanthuchana de la velera vecina; al empezar la tarde, cayendo el sol de golpe, traslada su venta a un lugarcito libre sobre suelo desparejo, atrás de la esquina, bajo una sombrilla amiga, y después, con el sol que baja su fuerza y pronto a esconderse detrás de la casa de dos pisos a cuya acera se cobija, tuerce la esquina y vuelve al lado de su tocaya Severa.

Al empezar el día, al terminarlo, el bulto de lo que vende, envuelto en el aguayo, no abarca más de una cuarta, y no pesa más de dos quilos.

Uno puede comprar esas frutas o el ajo más baratos, caminando unos pasos en una u otra dirección, pero la dulzura de su cara, el que sus nietos sean gente adulta, su voz potosina, sus ojos grises, la pequeñez del puesto...

Al acabar la tarde, al lado de esta severa, otra del mismo nombre vende a comisión velas, colocadas horizontales y de pie sobre mesita y bancos, de todos los tamaños y colores, para usos distintos, en remplazo de la velera dueña del puesto, la paceña doña Cristina, que a esa hora se retira a su casa para atender a su marido taxista y a sus hijos, uno pequeño, que recién va a la guardería, otro universitario, y el tercero, policía novato.

Durante el día, doña Severa vende plantillas de zapatos, unas esponjas especiales, guantes para lavar ropa y vajilla y, según el clima del día, paraguas e impermeables ultradelgados, de los que llaman ponchillos, todo ello, no más pesado que dos o tres quilos.

Pero al caer la tarde, esta severa pasa a sentarse en la silla plegable de la velera, bajo la sombrilla aún desplegada pero ya innecesaria.

Cabecea por ratos doña Severa ahora velera, cuya edad ronda los setenta, se espabila, se levanta y va a espiar el paulatino irse de las floristas de dando la vuelta a la esquina, que cuando ya se han ido casi todas, a eso de las siete y media, es señal de que ella también tiene que empezar a acomodar las velas dentro de los cajones de manzana, desarmar la mesita de tubos metálicos huecos, ir colocando todo sobre el carrito vertical de dos ruedas, mientras ruega que haya una venta más, que se acerque apurado alguien desde un velorio, y contratar quien se lo empuje hasta el garaje vecino donde las mercaderías pasan la noche.

Las velas son sólidas y pesadas, hechas de parafina traída de la China; el carrito tiene que ser empujado con cuidado; si se vuelca, las velas, delicadas, golpeándose unas con otras dentro del embalaje, se pueden quebrar, desportillar.

Pasando la calle al frente, desde su tienda enrejada y con toldo breve, la tercera severa, que también está llegando a los setenta años, vende esnaques: refrescos gaseosos fríos y al natural, leche en bolsa, papafritas, manís salados y dulces, chocolates y golosinas, y cosas como jabones, papel higiénico y similares; es tienda de barrio, pues.

Doña Severa abre recién a media mañana, a medio día cierra unas horas hasta la tarde, y vuelve a atender hasta pasadas las diez, cuando cierra del todo y se va a su casa, porque no vive en la Cancha.

Con el televisor siempre encendido y a buen volumen, doña Severa puede tener, por ratos, cola de hasta tres o más compradores, gente de paso, vecinos que se recogen a sus casas, niños mandados por la botella de refresco frío que han logrado como concesión materna, un par de cleferos que le piden dos bolsas de medio litro de agua.

A esta severa supe comprarle, llegando tarde en la noche, con mis hijos menores semidormidos sobre parrilla y barra de la bicicleta, la leche, las masitas, los snacks con que nos desayunaríamos a la mañana siguiente, cuando los tres vivíamos en un alojamiento cercano, pagando al día... pero qué se van a acordar de eso mis hijos, ahora grandes... mejor ni les pregunto.

A la vera de la tienda de doña Severina, en la acera, bajo la sombra mínima del toldo o, según la hora, ya fuera de ella, tiende su paño una señora de pollera, de más de sesenta años, que sobre él vende paltas de altura, de tamaño mediano, no de las grandes, manzanas pequeñas de aquí de Vinto, y más frutas de temporada.

¿Cómo aguanta en sus caderas, su espalda, sus pulmones, riñones, la mañana, la tarde, el empiezo de la noche, el vacío del mercado?

Siempre pienso que las vendedoras de suelo deben de hacer ejercicios periódicos, apretar unos músculos ahora, soltarlos ya, bien de a poco, torcerse un poquito de este lado, del otro, enrectar el torso, estirar el nacimiento de la espina dorsal, ladearlo, y así.

Y esto, heredado, sin palabras, o con indicaciones mínimas, recibidas cuando imillas, de boca o de manos, de gestos de cuerpo, de sus madres, sus abuelas khateras, rankheras o minoristas, minimistas: no te quedes quieta todo el rato, guaguay, te vas a entumecer, acalambrar, recoge el trasero, endúralo, suéltalo, así, endereza el espinazo, pero no mires a la gente a los ojos, bambolea muy lentamente el tronco, eso, sé humilde, baja la frente, recoge el nacimiento de tus brazos a hombros y sobacos, ya, estira el cuello, rebájalo, no tanto, vas a contar bien la plata, con cuidado, con calma, frunce la frente, no te vas a hacer engañar, tamborilea con los dedos de los pies, endurece los t'usus, palmotea el suelo con tus muslos, pero que no se te oiga...

Pero no lo sé, y no se me ocurriría preguntárselo a ninguna. ¡Cómo pues!

Cuántos siglos de mujeres andinas que compran, juntan, escogen, separan, acomodan, aprecian, distribuyen, venden, prestan, fían, descartan, revenden, guardan, sacan, mientras entre ellas hacen política, comercian entre sí, y se escarban los piojos de entre sus cabelleras negras y largas, comen en la calle lo cocinado por comideras del mismo mercado, dormitan, se sobresaltan, y se quieren, se pelean, se ayudan, murmuran, se enemistan, vuelven a amistar, se enlazan como comadres, criando en alianza a sus guaguas, cuidando a sus nietos, esperando a sus maridos, a sus hijos, cargándolos de bultos... y todo eso, al aire libre, en la Cancha.

martes, 28 de abril de 2026

desengañarnos del apoyo del argentino Milei al genocidio israelí

para mis amigos que hace 6 años y medio decidieron apoyar a los pititas, o sea, al golpe de estado de octubre-noviembre 2019; lo que me hace pensar que esos mismos amigos apoyan al presidente Milei de Argentina

para desengañarlos, junté para ustedes enlaces a 4 videos y a 2 notas de prensa sobre Milei

-- de la semana pasada, de La Base

https://m.youtube.com/watch?v=aMqVw0PQKEg&t=943s

1) Milei apoya el genocidio israelí contra los palestinos de la franja de Gaza; 2) viaja por tercera vez a Israel, y declara a su país enemigo de Irán, creándose gratuitamente un enemigo; se alinea con EEUU, imperio en decadencia; 3) va a Israel a entregar, regalar a su país

-- de ayer, de Grayzone

https://m.youtube.com/watch?v=tkdhRAXq6aY&t=15s

-- el mismo video de Grayzone, con audio original en inglés, al que se le puede poner subtítulos en español

https://m.youtube.com/watch?v=YB3Oyww0znM&pp=0gcJCd8KAYcqIYzv

1) Milei da beneficios a 300 mil colonos israelíes futuros en Argentina [grave peligro para los bolivianos, tener a esos asesinos no lejos de nosotros]; 2) grandes intereses en Argentina de la empresa estatal israelí de aguas Mekorot [la misma que colabora con el genocidio israelí de los palestinos en Gaza, negándoles el agua, la que hace 80 años y de nuevo hace 60 años robó a los palestinos sus fuentes de agua, la que hoy da agua para piscinas a los colonos israelíes en Cisjordania y se la niega a los nativos palestinos agricultores]

-- de hace 3 días, de Monoblock

https://m.youtube.com/watch?v=Kjpsiv7-nGI

-- de ayer, de Monoblock

https://m.youtube.com/watch?v=ak5Bw5Vm7RA&t=23s

Milei se emociona y llora cuando va a Israel porque se afilió a la secta judía Jabad Lubávich [fundada hace siglos en Bielorrusia, defendía a los judíos perseguidos; ahora, con presencia fuerte en muchas partes del mundo, es denunciada por judíos ajenos a ella como una mafia criminal]

-- nota de Rebelión, hace 2 meses

https://rebelion.org/la-reforma-laboral-de-milei-no-moderniza-desarma-el-trabajo-y-dinamita-la-nacion/

-- y de Página 12, del mes pasado

https://www.pagina12.com.ar/2026/03/06/milei-promulgo-su-reforma-laboral-uno-por-uno-todos-los-derechos-que-pierden-los-trabajadores/

Milei hizo aprobar la jornada laboral de doce horas, el pago de salarios en especie, recortes al derecho de los trabajadores de organizarse en sindicatos y el recorte del derecho a la huelga

-- aumento enlace para un video más:

https://m.youtube.com/shorts/R8hqVWAVSBU

Videla es el político argentino cuya herencia reivindica Milei

-- comentarios míos

1) a los bolivianos no nos conviene apoyar el genocidio israelí contra los palestinos de Gaza, porque nos parecemos a esa población palestina, débil y sin apoyo; la solidaridad entre débiles nos permite defendernos de los abusadores; otra postura nos convierte en cómplices de la desolación imperial; no seamos como esas pocas familias palestinas vendidas al mismo enemigo que las está exterminando, no seamos como esos cubanos, esos venezolanos miamizados que piden al imperio que asedie y ataque a sus países, ni como esos iraníes expatriados que piden al imperio que bombardee a sus familiares en Irán

2) hace dos años y siete meses, con el inicio del genocidio israelí de los palestinos en Gaza, el mundo ha entrado a una fase diferente de su historia: el imperio guerrista estadounidense, en decadencia, rompe con descaro las leyes internacionales que él mismo impuso hace 80 años, usa a su títere Israel para intentar afianzarse en Asia occidental, destruyendo a la nación palestina, buscando desarmar al estado iraní, para cercar y luego atacar a Rusia y China; aquí, en América Latina, tenemos mucho que agradecer hoy día a la resistencia palestina, libanesa, iraní, yemení e iraquí contra el imperio; si no fuera por esos héroes y mártires, las acciones del imperio nos estarían llegando, en estos momentos, con mucha mayor fuerza destructora que la empleada en enero contra la soberanía de Venezuela, y desde hace meses contra la subsistencia de Cuba

3) muestras de lo complicado que parecen las cosas cuando uno no toma en cuenta que los poderosos, enfrentados en apariencia y aun en realidad, se relacionan, comercian y hasta colaboran entre ellos

a) China, que denuncia el genocidio israelí, comercia con los colonos israelíes que avasallan = roban tierras a los palestinos de Cisjordania

b) Rusia, que también denuncia el genocidio israelí, acaba de venderle a Israel granos cosechados en territorio que fue de Ucrania

c) en noviembre pasado, China y Rusia no vetaron la resolución del Consejo de Seguridad de NNUU que entrega Gaza en perpetuidad a Trump, creyendo que sólo afecta a los abandonados palestinos, y así, además de sellar el exterminio estadounidense-israelí de Palestina, certificaron la bancarrota de NNUU

d) la secta judía Chabad Lubávitch, que promueve la colonización o avasallamiento israelí en Cisjordania, además de ser fuerte en Nueva York, lo es en Rusia, donde apoyó políticamente a Putin, quien conversa con Netanyahu; éste puede ser un motivo de la falta de coherencia rusa ante el genocidio israelí; otro motivo es la importante proporción de israelíes (judíos y no judíos) que son de origen ruso y hasta conservan ese idioma

e) el canal Al Jazeera denuncia el genocidio israelí en curso de los palestinos en Gaza, informa sobre los actuales ataques israelíes a los civiles del Líbano, pero el dueño del canal, el estado de Qatar, interviene abiertamente en la política palestina y en la política libanesa apoyando a EEUU y a Israel, los agresores; también interviene en Siria, en apoyo de los terroristas decapitadores que gobiernan ese país como títeres de EEUU e Israel; y Jazeera desinforma sin asco sobre la guerra contra Irán, en nombre de los estadounidenses, de quienes ese país es vasallo, y a cuyos militares aloja y paga en la base estadounidense más grande de la región; a pedido explícito e insistente de EEUU, Qatar brinda sede a los dirigentes de la resistencia palestina de Hamás; y hubo un tiempo largo en que Qatar, con el conocimiento y la facilitación del gobierno israelí, financiaba fuertemente a Hamás

f) hasta un millón de iraníes viven en EAU, y el CGRI, columna vertebral de la política y la economía iraníes, para eludir las sanciones unilaterales estadounidenses, hace parte de su banca y finanzas "oscuras" en ese país, que es el vasallo ignominioso de EEUU e Israel y que siembra el caos por toda Asia occidental y por varias partes de África

g) esto nos recuerda que hace cien y 85 años, EEUU, primero, vendía petróleo y hierro a Japón, a sabiendas de las atrocidades que los japoneses cometían en China, Corea, Vietnam y otras partes de Asia, mientras, durante más de diez años, preparaba, con gran gasto, su guerra contra ese país; y nos recuerda que EEUU, por un lado, subvencionaba con dinero, armas y tecnología a la Unión Soviética en su guerra contra Alemania, mientras por el otro lado, Wall Street = los empresarios estadounidenses no dejaron de apoyar, sólidamente, desde el fin de la primera guerra mundial, hasta el final mismo de la segunda guerra, a Alemania y su economía de guerra, economía que desde entonces, desde 1918, más de cien años atrás, es dominada, primero en gran parte, y desde hace 80 años, del todo, por las empresas estadounidenses, como lo son su política internacional y su agencia de espías; desde hace 81 años, EEUU tiene 30 bases militares en Alemania

h) se trata de la misma figura del platudo y poderoso que alienta, empuja a los débiles a que se peleen entre sí, para tenerlos dominados

sábado, 25 de abril de 2026

Paseos de antes

Sólo un ciclista paseandero puede entender cuánto deseo largarme en bicicleta, lejos. Desde que soy prostático, hacen seis años, no hago más de los treinta y pico kilómetros diarios de salida de y vuelta adonde vivo.

Antes, cada vez que me daba tiempo, me iba a Parotani: lo hice decenas de veces en unos quince años que fui paseador; desde donde vivía entonces eran unos 33 km de ida, así que algo más de sesenta, ida y vuelta; allá, llegué a tener una casera que cocinaba ricos el pollo, pato, cordero, todos al horno; su patio de tierra, sus mesas y sillas de madera, una planta de tuna al medio, chicha, uno o dos cascos; siempre comí solo ahí, fuera de unos niños pequeños, tímidos;

a Paracaya, o, un poco más allá, hasta Punata, donde hasta tenía una casera sillphanchera, y hubo un tiempo en que me acostumbré a ver ahí, sentado, comiendo el sillphancho, minutos de una telenovela ordinaria, peruana o colombiana, no recuerdo, trasmitida por un canal local; me eran 47 km de ida a Paracaya, 51 o algo más, a Punata; algunas tardes, escapándome del trabajo media hora antes de la salida, subía a uno de los cuartos vacíos del segundo piso de la terminal de buses, a cambiarme ropa adecuada para bici, y salía disparado al Valle Alto, para estar de vuelta en la ciudad poco antes de media noche; el jueves santo del 2004, en la mañana, me largué a Paracaya, dejé la bici encargada a la gente que atendía el surtidor, y subí a pie al Tuti, caminando antes hasta la Normal, en la falda del cerro; mucha gente, sobre todo jóvenes, subían; llegado arriba, me dio sueño (habrá sido por la altura y el cansancio), busqué un lugar apartado, protegido del viento por unas peñas grandotas, y me dormí una media hora; desperté; viendo tanta juventud, algunos en parejas que relajeaban (yo estaba llegando a los cuarenta años), me dio pena de mí y me volví ya (tampoco podía dejar tanto rato sola a la bici, allá abajo); bajando, a media altura, vi unas matas que ardían (algunos tontos las encendieron), y golpeándolas con ramas arrancadas, las ahogué;

a Sacaba, adonde no fui muchas veces; la subida es cabal y bajarla es bueno; en un tiempo que pasé sin bicicleta, un año, me largué varias veces a pie hacia Sacaba, llegando, según la vez, hasta distintos puntos; caminar lejos es también bueno; le hace a uno mirar las cosas -- los cerros, el color de la tierra, la gente, su ropa, los árboles, las plantas, los pájaros -- con más detalle que yendo en bici; en ese tiempo acíclico, también caminé a Valle Hermoso, a Suticollo y por dentro del valle-ciudad; al recuperar mi bicla, me lancé por caminos nuevos a paseos por zonas y lugares más o menos cercanos, donde antes no había ido, viendo casas nuevas que se levantaban sobre campos de cultivo;

a Santiváñez Caraza fui unas seis veces; la bajada desde la cumbre hasta el pueblo era demasiado rica; una o dos veces fui a la Pajcha; allí una familia me invitó chicha en la carcasa de una piña; eran sólo veinte kilómetros de ida, pero la subida es dura y el suelo era empedrado -- ahora me dicen que es asfaltado, y ancho, pero no lo conozco;

a Tarata, yendo por Valle Hermoso, o por la Tamborada, unas cuatro veces, no más; el asfaltado de bajada era especial, lleno de pozos, y muy vacío de autos;

y también sabía largarme, solo, sábados o domingos, bien temprano, a una piscina que hay en la calle Antofagasta, subiendo unas doce a quince cuadras de la avenida, en Quillacollo; ahí mismo llevaba domingos a mis hijos menores: piscina, sauna, chicharrón, chicha moderada; un día, con ellos dos y yo, tres, sobre mi bici, se nos pinchó la trasera; buscamos bicicletero durante cuadras y cuadras, hasta hallarlo en una esquina en Colcapirhua, y no nos cobró, porque sólo nos prestó con que hacer el arreglo; semanas luego, ese lugar había sido deshecho para construir depósito gigante de una empresa.

Lo que hoy me hizo recuerdo el pasear es el cielo nublado... y la llovizna en la madrugada. Mi primera salida programada fue a Punata, un domingo, creo que a mediados de año, porque me puse una chamarra ligera, cuyos bolsillos cabedores llené de manĺ con cáscara. Salí bien temprano, amaneciendo: chilcheaba tan pero tan liviano, que al borde de la visera de la gorra le pasaba el dedo para que agua no me goteara al cuello, sólo cada una cuadra. Sólo una vez he vuelto a vivir una llovizna tan delgadita, con gotas no espaciadas pero tampoco demasiado tupidas: fue una noche que pasé al descampado, y prometo que casi no me mojé, que pude dormir bajo rocío, como si estuviera siendo bendecido. Llegué a la plaza del pueblo a eso de las ocho, donde armamos con Ramiro (que se movió en micro) un puesto de entrega de material impreso sobre la guerra del agua, creo. En la plaza hacían campaña unos políticos, de los que me empaché: sus altavoces estridentes, sus chamarras de cuero negro, enchamarradas incluso las mujeres, el montón de movilidades en que llegaron, sus carteles, el olor de sus perfumes; desde entonces, sigo apartándome todo lo que puedo de los políticos.

Una salida no programada fue así: habían bloqueos político-sindicales, no tenía trabajo pendiente, quise ver los puntos de bloqueo, alguien, o el periódico, o la tele, me dijo que la carretera a Quillacollo la habían vuelto avenida de seis carriles, así que fui a ver, llegué a Quilla, pasé de Quilla, de ahí -- todo trancado para los carros pero no para las bicis --, Vinto, Vinto Chico, Hamiraya, Suticollo, y diez kilómetros más allá, Parotani...

Eso fue en octubre del año dos mil, pero ahora veo que entonces ya conocía la avenida Blanco Galindo ensanchada, porque el día de San Juan de ese año había hecho con un grupo de veintitantos un "cicloecoturismo" por el que pagué veinticinco pesos, o cincuenta, no recuerdo, de la plaza Colón hasta Vinto -- íbamos acompañados de ciclistas-guías experimentados, que nos separaban del tráfico; por ratos largos, tomamos la mitad o más del ancho del carril derecho de la avenida --, a Pairumani, a Phaso -- donde dos de nosotros entramos un minuto a una chichería, y donde se quedaron dos o tres con desperfectos, en una bicicletería que ya no hay, al lado este de la plaza --, a Tiquipaya, donde almorzamos, no muy bien, luego, subiendo por la "circunvalación" -- arreglaban uno de los puentes de ingreso al pueblo --, volviendo a bajar a la avenida Ecológica -- recién terminada entonces en su tramo Trojes-Cruce Taquiña --, a la plaza de Cala Cala, donde nos tiramos al pasto que hay delante del templo que hay al lado sur. Así que veo que no sé de dónde sale ese recuerdo de ir a conocer la Blanco Galindo recién hecha. El grupo aquél no podía ser más diverso: habían ciclistas corredores deportivos, una pareja de turistas europeos (que se asombraron de que el sol de nuestro invierno estuviera norteado, y no sureado, como el sol de ellos...), un niño de doce años (muy valiente al pedal), gente del todo impreparada para un paseo de unos cuarenta kilómetros, y gente, como yo, para quien la distancia no era problema (desde hacía años que vuelteaba seguido la laguna Alalay, hasta ocho vueltas = más de 50 km), pero sí el apartarme tanto de mi casa. En cada parada, de diez minutos, anotaba en mi agenda el lugar y la hora aproximada, y me fumaba un pucho... qué tal tonto...

La ida al Valle Alto es la única que hice varias veces en grupo, con mi club, los démons (qué nombrecito... en ese entonces, no pensaba en lo esencial), saliendo domingos a las siete del arco del cero (alguna vez, llegué antes para darme un api con buñuelos en el mercado que hay ahí). Uno de esos domingos, grande el grupo, uno, jobato (ahora, yo debo ser más viejo que lo que él era entonces) insistió en agarrarme y enseñarme a conservar la línea recta, cosa que no sé si me hacía falta saber; me zafé de él pronto. Llegando, unas cuadras antes de Paracaya, a la casa del huésped, almorzamos -- no miento -- miel de abeja, harta, con papa y choclo hervidos, calientes, cordero cocido y tostado, k'allu, ají abundante, en platos de barro, y chicha, en tutumas; éramos unos veinte, tremendo garaku. Otro domingo fuimos al valle alto mi chica y yo, en dos bicis; llegamos sólo hasta Tolata; almorzamos en Carcaje, al lado de una iglesia, en una quermés, entre medio de harta gente. Paramos a la ida, a sacar tunas de la ladera de un cerro. Vueltos a la ciudad, mientras yo iba a devolver la bici que ella usó, se puso a lavar nuestra ropa... las cosas que se les entran a la cabeza a veces a las mujeres. También fui mucho solo hasta la Angostura, a leer de madrugada al costado de la laguna, rodeado de cactus grandes.

He paseado un montón, con hijos, solo, y con otra gente, por Montecillo, que es arriba de Tiquipaya; por Sirpita, Rumimayu, Linde, Villa Esperanza, Khanarrancho, que es abajo y a un costado; por Yanpartikuy, Apote, Collpapampa, Totorkawa, Callajchullpa, Brunumoqo, que es al otro lado; en cambio, a Chilimarca he ido pocas veces, dos de ellas, a pie.

La ida a Montecillo, en domingos, a reuniones de padres en la escuela de mis hijos, la hacíamos, yo solo en bici, y mi mujer con ellos, en colectivo. Allá, luego de los relatos y el trabajo colectivo, almorzábamos sardinas en lata, con papa hervida y tomate con cebolla. Alguna vez, un poco de chicha, para volver entonado. Cuando las wawas fueron creciendo, me empezaron a acompañar en sus bemequis. Siempre alargaba un poco el camino, subiendo hasta la llamada circunvalación.

Y ya dije que cada vez que podía me soltaba a la laguna Alalay, vueltas alrededor, subía al Solterito y seguía por sobre el canal de riego con agua de la Angostura, hasta Cala Cala, y de vuelta a casa en Las Cuadras. Todo para estar solo. Y para ir en bici, lejos.

lunes, 13 de abril de 2026

Antes era Peak oil, ahora es Peak Irán

El peak oil o momento mundial a partir del cual la disminución del petróleo colapsa la industria, la economía, las ciudades, está siendo reemplazado por un momento energético mundial que se llama peak Irán, donde Irán, en la cumbre de su poder en su región, controla el movimiento de parte del sumistro de energía del mundo al hacerse cargo del paso de barcos cargueros por el estrecho de Ormuz.

Oponiéndose a ese control, los bárbaros que atacan a Irán buscan ahora quitarle su recién adquirida capacidad de mantener o disminuir la oferta total de petróleo. Los bárbaros, empeñados en restaurar el mercado a su volumen anterior a la guerra, buscan ahora retirar la oferta iraní del mercado, bloqueándolo en el estrecho de Ormuz, ¡disminuyendo así aun más la oferta global!