martes, 7 de abril de 2026

Tejrán

desde adentro del espíritu, este picar, rasgar cuerdas hinca un garfio de hierro de guerra en la piel de mi ánima -- oyéndolo, soy este hombre desgarrado en este nuestro mundo roto

https://x.com/benoitm_mtl/status/2041274751566721070

https://x.com/iranscreenshot/status/2041135323246133427

-- por si caducan los enlaces puestos arriba, aquí pongo el video:







Ali Ghamsari se puso a sí mismo de "escudo humano" ante las anunciadas bombas estadounidenses en una planta de energía en Tejrán

https://www.tehrantimes.com/news/525249/Virtuoso-Ali-Ghamsari-takes-symbolic-stand-at-Damavand-Power

https://x.com/i/trending/2041159161027887379-

-- usando teléfono para ver este post o entrada, en su versión web, parece que no muestra el video; por eso, conviene ver el post, en la versión teléfono

El árbol de palta del patio y su fruto

Está dando fruto por cuarto año, paltas algo mayores que las paltas pequeñas de este valle, con suficiente carne. Caen del árbol, más que nada en la noche.

Hasta un tercio de las paltas que recojo están picoteadas de pájaros. Antes, pensaba que las escoriaciones, raeduras eran mordiscos de zarigüeya, pero, no, viendo la forma de las heridas en los frutos, forma muchas veces redondeada y con canales largos que van hincándose más hacia el centro del cráter, digo que las heridas tienen que serles hechas a picotazos, no a dentazos.

(El nombre zarigüeya me gusta más que carachupa; ésta es palabra medio fuerte, que asusta; k'arachupha quiere decir, parece, cola pelada; la cola de las zarigüeyas ya crecidas es larga, bastante gruesa en la base, en el trasero del animal, y del todo pelada, hasta su punta delgada. Zarihueya suena exótico, no? Son animales simpaticos aunque nocturnos, son pacíficos para con la gente, pero entre ellas se chillan de modos que a uno le eriza la piel. En la wikipedia dice que son marsupiales. Las muchas pepas de paltas peladas, completamente lisas, que hay en el suelo del engramado patio, deben de ser obra de estos bichos.)

El árbol, que debe tener unos doce años, es nomás delgado, y visto de no tan cerca parece hasta flaco, tiene sus hojas que por temporadas (cuando no lo riego regularmente, como debiera) se van secando desde las puntas, con un color café oscuro, empolvado pero de un oscuro que me gusta harto. A mi reaccionar y volver a regarlo a diario, el árbol va renovándose en las ramas donde se le iban muriendo las hojas, con unas hojitas lustrosas de un color verde claro que da mucho gusto.

Este palto viene dando fruta desde mediado enero. Hasta hace unas semanas, unas cuatro a cinco por semana, pero en los últimos días da hasta dos diarias.

El fruto que más me gusta son las paltas: las de aquí, de este valle, pequeñas nomás y de grasa densa; las de altura -- Ayopaya -- grandes, de grasa moderada y ligera, y de talante nomás líquido; las peruanas, que son una delicia fresca; las del trópico de Cochabamba, medio desleídas, por despaltarse, pero todavía paltas..., las de Charagua, como las de este altiplano de acá, pero hasta más sabrosas, y bien grandes. El aparcero vecino, que hinca dientes a las manzanas (fruta que a mí me gusta pero no demasiado) se burla diciendo que se las disputo a los pájaros. Lo que no puede ser cierto, porque hasta ahora nunca vi a un pájaro picándolas en el suelo, y es casi siempre del suelo que las recojo. Se nota que a los pájaros, por este tiempo, no les falta mucho qué comer.

El color de la piel de las frutas que caen no del todo crecidas es menos que negro -- por entre zonas de piel con restos grisáceo -- unos tonos de lila y hasta morado, que le quitan a uno la atención, los ojos.

El árbol es propio de Salvador, dueño de este terreno donde vivo, y mi amigo. Gracias, Salva, por el palto, por sus paltas. Ya te voy a acercar unas hasta Cala Cala, uno de estos días.

lunes, 6 de abril de 2026

Tipnis. Los yuracarés

-- Republico esto desde junio del 2010, dieciséis años!

Hola Ricardo:

¿Amashim? (cómo estás)

Los yuracarés son gente buena, yo diría bien hecha, son bromistas, inteligentes, la mayoría son trilingües, hablan yuracaré, español y quechua, algunos inglés también, que conozca son el único grupo étnico que sabe leer y escribir en su idioma. Yo estuve en el territorio en 1997, cuando estaba decepcionada de toda la devastación que había en el trópico de Cochabamba, y recobré la fe al ver nutrias, caimanes, lagartos, osos meleros, delfines, etcétera. Es gente muy sin defectos, se siente espiritualidad, en medio de tábanos, japutanas, tanto riesgo, viven en armonía.

Los yuracarés respetan a los animales que a los collas nos dan miedo, conocen los ciclos biológicos de las plantas, reconocen especies de árboles desde pocos centímetros, saben cuándo los meandros del río van a cambiar, qué frutos ir a buscar y qué cazar, qué animales son hembras para respetar y asegurar la sostenibilidad.

Son gente generosa que por décadas han sido utilizados por montón de aprovechadores que los usaron solo para conseguir financiamientos, gente que nunca llegó al lugar ni convivió con ellos. Históricamente el territorio yuracaré era desde Villa Tunari, Todo el trópico de Cochabamba era la provincia yuracaré. Los nombres de los lugares:

Shinauta = lugar de hormigas Chimoré = almendrillo Sama = agua o río Ota = anta o tapir, que ahora decimos "J" donde ahora está la mancomunidad de municipios Elle = tierra, el río "L" es uno que es de agua color café Eñë = sábalo, es el río "Ñ" y el poblado Lauca Eñe

Todos estos lugares cedidos por un pueblo que no es egoísta y que más bien solo tiene pena de que los collas, como dicen ellos, no sepan vivir.

Cuando estuve en el territorio, estuve alojada en once asentamientos y me tocó ver la subida del río Chapare (subió cinco metros), las casas estaban más o menos adecuadas; la noche anterior los bufeos saltaban río arriba y todos empezaron a mudar sus cosas al segundo piso, las canoas las arrastramos de la playa hasta la casa, una altura de cinco metros. A media noche llegó el agua, me asusté, y ellos estaban felices, porque emprendieron viajes a Trinidad, llegó el pontó con productos de Trinidad, ahorraban gasolina o brazos; las gallinas tenía segundo piso, se usaron las canoas pequeñas para cosechar banano, etcétera.

Ellos viven de la naturaleza y nosotros solo les mandamos contaminación en los ríos, los agroquímicos producen mutaciones, conocí un bebé que nació sin brazos, ahora no sé como están.

Ellos manejan el bosque, su chaqueo es superficial, no dañan el suelo ni cortan los árboles, cazan machos adultos después del apareamiento, los bananos de los yuracarés son los únicos que no enfermaron con plagas importadas.

En realidad no necesitan nuestra ayuda, solo nuestro respeto, y justicia, podemos ayudar haciendo respetar sus derechos. Nosotros más bien necesitamos aprender mucho de ellos, que son científicos sociales, médicos, hidrólogos, ecólogos, forestales, agrónomos, etc.

Cochabamba debe hacer conocer que sus idiomas nativos son el yuracaré, el quechua y el yukí.

Melebati (hasta pronto).

Ximena Maradiegue

-- Adición legal. La nueva constitución de este país reconoce, entre los derechos de las naciones y pueblos indígena originario campesinos:

Artículo 31. I. Las naciones y pueblos indígena originarios en peligro de extinción, en situación de aislamiento voluntario y no contactados, serán protegidos y respetados en sus formas de vida individual y colectiva.

II. Las naciones y pueblos indígenas en aislamiento y no contactados gozan del derecho a mantenerse en esa condición, a la delimitación y consolidación legal del territorio que ocupan y habitan.

http://www.presidencia.gob.bo/download/constitucion.pdf

Espaldarazo entre ciclistas viejos

Hoy día palmeé el hombro de un hombre siete años mayor que yo, mientras le decía que qué bien que a su edad estuviera trabajando todavía. (¿Ven que, secretamente, me daba el espaldarazo a mí mismo? Yo también, a esta edad... trabajo... Gran cosa.) Él es electricista. Su uniforme azul. Su gesto tranquilo, activo él y en paz. Se puso a hablar de dos y tres partes de su cuerpo que, si no las mueve cada día en el trabajo, se resienten. Sin que yo le sugiera este ángulo, o mejor, el par éste de ruedas móviles, me dijo que sus rodillas, cadera, espinazo y hasta su cuello piden bici a diario. Todo esto, aunque no me crean, en dos minutos, al despedirnos. Los ciclistas somos así, sabemos ir al grano.

Guerra de EEUU-Israel contra Irán en la semana sexta

Entró a la sexta semana y parece que se va a alargar más. En ella se juega el presente de un país antiguo con 90 millones, gente, mucha de ella, vernacular, o sea, verdadera, real -- como era Bolivia hasta hace unos sesenta, cuarenta años. País montañoso, difícil de atravesar; y país diverso: hace dos mil y más años, en él, el estado alentaba, celebraba su diversidad de pueblos, no los uniformaba a la fuerza, los dejaba respirar. Son esos pueblos variados los que hoy son atacados sin motivo en su gente civil, no militar; y cuya infraestructura de energía, educación, vías, está siendo destruida. Este lado es Irán.

Al otro lado, la punta de lanza guerrista, avasalladora del imperio de EEUU y su adjunto Israel: en su proyección hacia afuera, desde hace muchas décadas que lo que ambos hacen es desequilibrar a quienes no se les rinden con ignominia, meten caos al mundo, lo desorganizan. EEUU como imperio está tambaleando, y hay los que dicen que esta guerra puede ser su tropiezo final; los dirigentes yanquis creen estar jugándose su hegemonía. Israel es un estado más una sociedad casi del todo genocidas. Israel, los israelíes son los jutis desatados el 94 con cuchillos y machetes contra los tutsis en Ruanda, son los alemanes hace 90 años apretando a sus judíos para quitarles en masa sus vidas en hornos crematorios. Hoy, Israel se está suicidando: recibe el odio de todo el mundo: porque desde hace unos meses lo que sentimos hacia Israel dejó de ser estupefacción y ahora ya es odio abierto y final, y es un odio activo, que avanza a cercar y seguramente pronto, a demoler a Israel. Miles de millones de humanos nos sentimos amenazados directamente por Israel y avanzamos para aplastarlo.

Lo que Israel y EEUU le reprochan a Irán es el hecho de que defienda con efectividad a los débiles de la región: a los palestinos que están siendo exterminados por los yanqui-sionistas, a los yemeníes, maltratados en masa por los saudíes, socios de los yanquis, a los chiítas del sur del Líbano, despojados y desplazados por los israelíes, a los iraquíes, todavía atosigados por EEUU, y hasta hace no mucho, a los sirios, atacados por el mismo par de dañinos guerristas.

¿Quiénes se harán cargo de los escombros sionistas? Decenas o cientos de dirigentes y comandantes sionistas criminales de lesa humanidad y genocidas a los que, por el bien de toda la gente del planeta, habrá que juzgar y, mínimamente, encarcelar de por vida (los dos presidentes estadounidenses genocidas de los palestinos en Gaza también tendrán que pagar en la cárcel su maldad). Decenas de miles de ex soldados israelíes psicópatas asesinos en masa de niños y mujeres, para los que harán falta loqueros masivos y campos de desintoxicación y reeducación. Y gran parte de la población israelí azquenazí deberá ser reabsorbida por los lugares de donde hace 80 años salieron sus abuelos, Rusia, Polonia, Ucrania, los países bálticos, Alemania. Qué desastre, qué lástima todo esto.

Pero una cosa grande y hermosa va a florecer allí en la Tierra Santa: una Palestina libre, democrática, con sus palestinos musulmanes y cristianos y sus judíos viviendo en paz, reconciliándose entre sí. Parte esencial de esa belleza han de ser los muchos miles de judíos israelíes antisionistas que por hoy sufren en la carne de su alma los dolores que en estos mismos momentos, los sionistas inflingen a tantos miles de palestinos. Otra parte de la belleza de la patria palestina que nos acecha han de ser las riadas de visitantes solidarios, desde todos los rincones del mundo, y entre ellos, tantos judíos justos y judías sanas, libres, sobre todo, esa judería viva y fuerte de Estados Unidos, que desde hace años está poniendo todo de su parte para la liberación de Palestina.

Acabando esta guerra, ¿qué pasará con Irán? Va a necesitar mucha reconstrucción. Mientras, hay los que dicen que, además de ahora estarle yendo bien militarmente, empieza, por los azares de toda guerra, a irle mejor económicamente in bellum, y que terminada la guerra, puede pasar a ocupar un lugar central en su región. Descalabrados yanquis: Irán les está venciendo.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Cruz del sur

Hace un rato, dentro de un hueco de cielo dejado por las nubes blancas, esponjosas, estaba la cruz del sur, alta y recta (no sé cómo nace, pero, desde estar erguida, según pasan las horas se va inclinando hasta, cerca del amanecer, estar casi echada, en un rincón del cielo surponiente). Con esta humedad, el aire está limpio, a tierra ha caído el polvo ambiente, vencido por la pesadez húmeda, y si no fuera por lo nublado, el cielo se vería. Igual, está mejor así, aun nublado, que con el empañado terroso de casi siempre. Son nuestros zapatos, al andar, los que levantan el polvo, y las ruedas de tanto auto que anda por aquí, y las de mi bicicleta... Bueno, al menos por este rato, hay cielo, y en éĺ, estrellas, que se ven.

sábado, 21 de marzo de 2026

Lugar de donde traigo el pan

Al lugar donde voy una vez por semana a comprar pan -- son diez panes más uno o talvez dos de yapa por siete pesos -- se llega, luego de unas cuadras de camino sobre tierra en medio de la noche que acaba, la madrugada que se ensancha, atravesando por camino trillado, camino angosto, sólo para pies, un bosquecillo de eucaliptos. Ese trecho por entre los árboles tiene a los costados basura plástica de que la gente se deshace en el sitio no vigilado. Ya en la panadería, donde varias personas esperan su pan: carros estacionados en el zaguán de entrada -- pueden haberlos también afuera -- un montón de canastas paneras chatas y grandes, una sobre otra, y otra más, garrafas de gas apiladas contra la pared del fondo de un cuarto trasero con la puerta abierta, y en otro cuarto también al fondo, hartas bolsas quintaleras de harina de trigo asentadas sobre pálets de madera. El silencio domina a los compradores que buscamos pan. Una mujer sentada en un taburete, con la cabeza gacha, los flecos de su manta llegan al suelo, las manos enlazadas, de las que cuelga una bolsa de compra. Un hombre mayor apoya la espalda y un pie a la pared, y su rodilla sobresale, mueve los labios sin hacer ruido. Otra mujer alisa los pliegues de las dos, tres bolsas de yute que llenará con el pan que va a llevar para vender, sus manos se mueven con completa agilidad silente, y veo que no mira lo que hace, tiene los ojos cerrados, y su cara da hacia mí, sin dirigirse a mí sino al aire del ambiente este, lleno de nuestra espera confiada en las manos de la panadera de pollera paceña larga que a cada uno de nosotros callados congregados nos va a medir nuestro pan y nos lo va a entregar para que, llegados a nuestras casas, nos lo comamos, o llegando a la tienda sea vendido a quien en la mañana se desayunará con él. Nadie se mira a la cara. La luz vaga de tubos fluorescentes empolvados alcanza para hacer las transacciones de dinero por panes, y daría para repasar el esbozo de figuras, ropas, posturas. Pero el único que por un momento hace este reconocimiento soy yo, y lo hago sólo para luego escribir esto. Estamos mayormente quietos, callados y sin mirarnos. Esperamos. Respiramos sin hacer ruido. Si acaso, uno repasa la cama de panes tortilla en la mesa de madera de atrás, el cerro de marraquetas que sube de los bordes de la canasta honda que está cerca de mí, los panes tocos que emiten un leve vapor en otra canasta, más allá. Comulgamos en silencio la espera del pan.

Después. Desayuné. Pude quedarme en dos panes, digo, rechacé mi impulso de comer un tercero.

Días después. Llego a la panadería, apoyo la bici a una columna del tinglado-garaje. Sin querer, hago caer la moto puesta ahi detrás de la columna. Se lo digo a la panadera que está allá dentro. Mientras ella me sirve el pan, su hija revisa la moto. Al irme, me acerco a la moto, que resulta tener rota la varilla del espejo retrovisor. Me voy. En la calle, me llama el hijo, dueño de la moto. Vuelvo. Luego de tira y afloje, acepto pagar, cuando vaya en unos días a por pan, cincuenta pesos (él pedía doscientos...). Qué desastre. Al salir de casa, antes de ir a la panadería, una vecina se había acercado corriendo a dejar a mis pies -- en el lugar donde un minuto luego se detendría el camión recoge-basura -- un resto de rueda de goma de auto, que, al salir, yo había movido unos metros, apartándola de la puerta de garaje que uso, donde esa cosa fuera dejada en la noche por algún anónimo. Dejando la goma, me dice la vecina que no deje basura en la calle, y corre de vuelta a su puerta para alcanzar al camión allí parado y entregar su basura. No le digo que, en mis manos, esa goma ha dejado de ser basura, que se ha vuelto un objeto que, puesto donde lo puse, evitará que los carros, al bajar por la calle, se acerquen demasiado al muro de adobe que cerca el lote donde vivo, protegiendo así esa pared, las plantitas a ella apegadas, los animales anejos a esas plantas, y hasta, dado el caso, creando una mínima acera, no usable por los carros y sí por peatones. Parada en este punto de entrega de basura, adonde vuelvo (ahí he dejado la bici echada en el suelo), está otra vecina, agarrada de su basura, que no me saluda; es una tendera a la que, luego de comprarle dos o tres veces, hace años, dejé de ir... se habrá resentido. Alzo la bici, y veo que, para usarla, voy a tener que poner la cadena en su lugar, alrededor del plato central o catalina. Vuelco la bici y hago ese acomodo, que engrasa, ennegrece mis dedos. Eso, nomás de inicio; después vendría lo de la moto del hijo de la panadera, al que pronto voy a dar ¡cincuenta pesos! Este está siendo un día no de los mejores. Al levantarme de cama, había dudado si ir a esta panadería cerca de donde vivo, o si, más bien, comprar pan (más blando, con unos pocos de queso en su cara) más tarde, a mi casero del pueblo de Quillacollo. Me equivoqué.

Nueva salida a la panadería. Donde compré el pan que desayunaré hoy y los días que vienen. Le di a dinero extra a mi casera la panadera, que ella entregará a su hijo, que va compensar con él lo que gastó en reponer el espejo retrovisor de su moto. Uf. El perro medio bóxer que va dejando de ser cachorro, que me ladra cada vez al entrar, estaba hoy aovillado al lado del pilar sustento del tinglado, donde la vez pasada estaba la moto (un metro más allá, apoyadas a la pared, hoy fuera del alcance de quien sea que no las vea y las toque sin querer... dos motos). A mi pasar, se levantó a ladrarme, erizándome los vellos. Esperé que no captara mi temor; en un segundo, me sobrepuse y le hablé confiado: ya!, basta!, calma. Antes de eso, al llegar a la panadería, me encontré con otra casera que salía de ella llevando el pan que va a vender hoy día a sus caseros. Es flaca, es amable. Hecha mi compra, volviendo a casa, la vi de nuevo, enfilando hacia su tienda. Uno de estos días le voy a preguntar si tiene vaca que ordeñe para venderme leche, como hace años.

La panadera casera me dijo, hablando de su hijo, mi acreedor: "¿Para qué le haces caso?", lo que interpreté como que ella sugería, después del hecho, que yo no debí aceptarle pagarle reparación de su moto. ¿Ven el espacio de maniobra moral que esa madre (del muchacho) y casera (del cliente, este suscrito) abría? A un extremo el reclamo en dinero del afectado, que está muy cerca a ella; al otro extremo, el interés de quien aceptó ser deudor, yo, que estoy más o menos lejos de ella. ¿Ven el sugerido (a posteriori) espacio de negociación, conciliación? Ahí, yo veo simpatía. Entonces, le dije, como en chiste, que había pensado no ir a por pan, para evadir mi deuda. Ella -- sonriéndole a otra compradora de pan, que, a su lado, se echaba a la espalda una bolsa abultada pero liviana -- me dijo que (el cumplir mi compromiso) dependía de mi conciencia. Aquí en Cochabamba, la palabra tiene esta acepción económico-moral: buena fe y cumplimiento en los contratos, los acuerdos.

viernes, 20 de marzo de 2026

para empezar a cocinar

el sonido de las arvejas resecadas al caer de una en una en el cuenco del plato sopero blanco de porcelana

están duras, contraídas, van a hervir una hora entera para crecer, asimilando agua, y ablandarse

pierdo una vaina con arvejas, y mi mano que la recupera de un resquicio apartado vuelve con un retazo de tela de araña

los granos en el plato: verdes casi todos ellos, menos los más disminuidos, que van siendo pardos

esparzo las semillas negras y rugosas de achojchas -- parecidas en algo a la forma del cuerpo de la vinchuca -- creo que me atrasé un mes o más en querer tener achojcha, creo que si las plantas brotan, el clima templado las va a alcanzar a medio crecer... pero es cosa de esperar y ver

me falta pelar y picar otras verduras; antes, lavo las papalisas, de una de las cuales surge un renuevo rosado, mínimo, y una sola papa, que tiene incrustado un brote morado-verde, que no sé si voy a meter a la olla

alrededor, algunos carros a motor, de cuando en cuando, ningún avión, por suerte; mujen unas vacas sedientas, lejos; ningún perro; no pocos pájaros, y los más cercanos tienen que ser chiquitos, por el silbo-chirro que sacan afuera... pero a ellos no los conozco de vista; ahora empieza a sonar, no tan lejos, un motor, debe ser una mezcladora de cemento y arena... gente construye un muro por aquí; hay árboles, algunos con fruta, que fue mi desayuno; y hace un rato deshierbé el contorno de unos cactos, para que tengan más sol; al querer despejar el rededor del último cacto, subieron por mis brazos muchas hormigas, de las que unas cuantas me picaron, suave nomás

(en otra parte de este mundo, la guerra de los desatados criminales para destruir Persia, y así impedirle defender a Palestina, a la que buscan aniquilar; esta guerra que, a tres semanas de empezada, les está saliendo mal a los agresores; guerra que por eso, por estar saliéndose de los planes malvados, puede desembocar, por desquite demente de los abominables desoladores, en destrucción masiva en nuestra casa la Tierra)