sábado, 25 de abril de 2026

Paseos de antes

Sólo un ciclista paseandero puede entender cuánto deseo largarme en bicicleta, lejos. Desde que soy prostático, hacen seis años, no hago más de los treinta y pico kilómetros diarios de salida de y vuelta adonde vivo.

Antes, cada vez que me daba tiempo, me iba a Parotani: lo hice decenas de veces en unos quince años que fui paseador; desde donde vivía entonces eran unos 33 km de ida, así que algo más de sesenta, ida y vuelta; allá, llegué a tener una casera que cocinaba ricos el pollo, pato, cordero, todos al horno; su patio de tierra, sus mesas y sillas de madera, una planta de tuna al medio, chicha, uno o dos cascos; siempre comí solo ahí, fuera de unos niños pequeños, tímidos;

a Paracaya, o, un poco más allá, hasta Punata, donde hasta tenía una casera sillphanchera, y hubo un tiempo en que me acostumbré a ver ahí, sentado, comiendo el sillphancho, minutos de una telenovela ordinaria, peruana o colombiana, no recuerdo, trasmitida por un canal local; me eran 47 km de ida a Paracaya, 51 o algo más, a Punata; algunas tardes, escapándome del trabajo media hora antes de la salida, subía a uno de los cuartos vacíos del segundo piso de la terminal de buses, a cambiarme ropa adecuada para bici, y salía disparado al Valle Alto, para estar de vuelta en la ciudad poco antes de media noche; el jueves santo del 2004, en la mañana, me largué a Paracaya, dejé la bici encargada a la gente que atendía el surtidor, y subí a pie al Tuti, caminando antes hasta la Normal, en la falda del cerro; mucha gente, sobre todo jóvenes, subían; llegado arriba, me dio sueño (habrá sido por la altura y el cansancio), busqué un lugar apartado, protegido del viento por unas peñas grandotas, y me dormí una media hora; desperté; viendo tanta juventud, algunos en parejas que relajeaban (yo estaba llegando a los cuarenta años), me dio pena de mí y me volví ya (tampoco podía dejar tanto rato sola a la bici, allá abajo); bajando, a media altura, vi unas matas que ardían (algunos tontos las encendieron), y golpeándolas con ramas arrancadas, las ahogué;

a Sacaba, adonde no fui muchas veces; la subida es cabal y bajarla es bueno; en un tiempo que pasé sin bicicleta, un año, me largué varias veces a pie hacia Sacaba, llegando, según la vez, hasta distintos puntos; caminar lejos es también bueno; le hace a uno mirar las cosas -- los cerros, el color de la tierra, la gente, su ropa, los árboles, las plantas, los pájaros -- con más detalle que yendo en bici; en ese tiempo acíclico, también caminé a Valle Hermoso, a Suticollo y por dentro del valle-ciudad; al recuperar mi bicla, me lancé a paseos por zonas y lugares más o menos cercanos donde no había ido, por caminos nuevos;

a Santiváñez Caraza fui unas seis veces; la bajada desde la cumbre hasta el pueblo era demasiado rica; una o dos veces fui a la Pajcha; allí una familia me invitó chicha en la carcasa de una piña; eran sólo veinte kilómetros de ida, pero la subida es dura y el suelo era empedrado -- ahora me dicen que es asfaltado, y ancho, pero no lo conozco;

a Tarata, yendo por Valle Hermoso, o por la Tamborada, unas cuatro veces, no más; el asfaltado de bajada era especial, lleno de pozos, y muy vacío de autos;

y también sabía largarme, solo, sábados o domingos, bien temprano, a una piscina que hay en la calle Antofagasta, subiendo unas doce a quince cuadras de la avenida, en Quillacollo; ahí mismo llevaba domingos a mis hijos menores: piscina, sauna, chicharrón, chicha moderada; un día, con ellos dos y yo, tres, sobre mi bici, se nos pinchó la trasera; buscamos bicicletero durante cuadras y cuadras, hasta hallarlo en una esquina en Colcapirhua, y no nos cobró, porque sólo nos prestó con que hacer el arreglo; semanas luego, ese lugar había sido deshecho para construir depósito gigante de una empresa.

Lo que hoy me hizo recuerdo el pasear es el cielo nublado... y la llovizna en la madrugada. Mi primera salida programada fue a Punata, un domingo, creo que a mediados de año, porque me puse una chamarra ligera, cuyos bolsillos cabedores llené de manĺ con cáscara. Salí bien temprano, amaneciendo: chilcheaba tan pero tan liviano, que al borde de la visera de la gorra le pasaba el dedo para que agua no me goteara al cuello, sólo cada una cuadra. Sólo una vez he vuelto a vivir una llovizna tan delgadita, con gotas no espaciadas pero tampoco demasiado tupidas: fue una noche que pasé al descampado, y prometo que casi no me mojé, que pude dormir bajo rocío, como si estuviera siendo bendecido. Llegué a la plaza del pueblo a eso de las ocho, donde armamos con Ramiro (que se movió en micro) un puesto de entrega de material impreso sobre la guerra del agua, creo. En la plaza hacían campaña unos políticos, de los que me empaché: sus altavoces estridentes, sus chamarras de cuero negro, enchamarradas incluso las mujeres, el montón de movilidades en que llegaron, sus carteles, el olor de sus perfumes; desde entonces, sigo apartándome todo lo que puedo de los políticos.

Una salida no programada fue así: habían bloqueos político-sindicales, no tenía trabajo pendiente, quise ver los puntos de bloqueo, alguien, o el periódico, o la tele, me dijo que la carretera a Quillacollo la habían vuelto avenida de seis carriles, así que fui a ver, llegué a Quilla, pasé de Quilla, de ahí -- todo trancado para los carros pero no para las bicis --, Vinto, Vinto Chico, Hamiraya, Suticollo, y diez kilómetros más allá, Parotani...

Eso fue en octubre del año dos mil, pero ahora veo que entonces ya conocía la avenida Blanco Galindo ensanchada, porque el día de San Juan de ese año había hecho con un grupo de veintitantos un "cicloecoturismo" por el que pagué veinticinco pesos, o cincuenta, no recuerdo, de la plaza Colón hasta Vinto -- íbamos acompañados de ciclistas-guías experimentados, que nos separaban del tráfico; por ratos largos, tomamos la mitad o más del ancho del carril derecho de la avenida --, a Pairumani, a Phaso -- donde dos de nosotros entramos un minuto a una chichería, y donde se quedaron dos o tres con desperfectos, en una bicicletería que ya no hay, al lado este de la plaza --, a Tiquipaya, donde almorzamos, no muy bien, luego, subiendo por la "circunvalación" -- arreglaban uno de los puentes de ingreso al pueblo --, volviendo a bajar a la avenida Ecológica -- recién terminada entonces en su tramo Trojes-Cruce Taquiña --, a la plaza de Cala Cala, donde nos tiramos al pasto que hay delante del templo que hay al lado sur. Así que veo que no sé de dónde sale ese recuerdo de ir a conocer la Blanco Galindo recién hecha. El grupo aquél no podía ser más diverso: habían ciclistas corredores deportivos, una pareja de turistas europeos (que se asombraron de que el sol de nuestro invierno estuviera norteado, y no sureado, como el sol de ellos...), un niño de doce años (muy valiente al pedal), gente del todo impreparada para un paseo de unos cuarenta kilómetros, y gente, como yo, para quien la distancia no era problema (desde hacía años que vuelteaba seguido la laguna Alalay, hasta ocho vueltas = más de 50 km), pero sí el apartarme tanto de mi casa. En cada parada, de diez minutos, anotaba en mi agenda el lugar y la hora aproximada, y me fumaba un pucho... qué tal tonto...

La ida al Valle Alto es la única que hice varias veces en grupo, con mi club, los démons (qué nombrecito... en ese entonces, no pensaba en lo esencial), saliendo domingos a las siete del arco del cero (alguna vez, llegué antes para darme un api con buñuelos en el mercado que hay ahí). Uno de esos domingos, grande el grupo, uno, jobato (ahora, yo debo ser más viejo que lo que él era entonces) insistió en agarrarme y enseñarme a conservar la línea recta, cosa que no sé si me hacía falta saber; me zafé de él pronto. Llegando, unas cuadras antes de Paracaya, a la casa del huésped, almorzamos -- no miento -- miel de abeja, harta, con papa y choclo hervidos, calientes, cordero cocido y tostado, k'allu, ají abundante, en platos de barro, y chicha, en tutumas; éramos unos veinte, tremendo garaku. Otro domingo fuimos al valle alto mi chica y yo, en dos bicis; llegamos sólo hasta Tolata; almorzamos en Carcaje, al lado de una iglesia, en una quermés, entre medio de harta gente. Paramos a la ida, a sacar tunas de la ladera de un cerro. Vueltos a la ciudad, mientras yo iba a devolver la bici que ella usó, se puso a lavar nuestra ropa... las cosas que se les entran a la cabeza a veces a las mujeres. También fui mucho solo hasta la Angostura, a leer de madrugada al costado de la laguna, rodeado de cactus grandes.

He paseado un montón, con hijos, solo, y con otra gente, por Montecillo, que es arriba de Tiquipaya; por Sirpita, Rumimayu, Linde, Villa Esperanza, Khanarrancho, que es abajo y a un costado; por Yanpartikuy, Apote, Collpapampa, Totorkawa, Callajchullpa, Brunumoqo, que es al otro lado; en cambio, a Chilimarca he ido pocas veces, dos de ellas, a pie.

La ida a Montecillo, en domingos, a reuniones de padres en la escuela de mis hijos, la hacíamos, yo solo en bici, y mi mujer con ellos, en colectivo. Allá, luego de los relatos y el trabajo colectivo, almorzábamos sardinas en lata, con papa hervida y tomate con cebolla. Alguna vez, un poco de chicha, para volver entonado. Cuando las wawas fueron creciendo, me empezaron a acompañar en sus bemequis. Siempre alargaba un poco el camino, subiendo hasta la llamada circunvalación.

Y ya dije que cada vez que podía me soltaba a la laguna Alalay, vueltas alrededor, subía al Solterito y seguía por sobre el canal de riego con agua de la Angostura, hasta Cala Cala, y de vuelta a casa en Las Cuadras. Todo para estar solo. Y para ir en bici, lejos.

lunes, 13 de abril de 2026

Antes era Peak oil, ahora es Peak Irán

El peak oil o momento mundial a partir del cual la disminución del petróleo colapsa la industria, la economía, las ciudades, está siendo reemplazado por un momento energético mundial que se llama peak Irán, donde Irán, en la cumbre de su poder en su región, controla el movimiento de parte del sumistro de energía del mundo al hacerse cargo del paso de barcos cargueros por el estrecho de Ormuz.

Oponiéndose a ese control, los bárbaros que atacan a Irán buscan ahora quitarle su recién adquirida capacidad de mantener o disminuir la oferta total de petróleo. Los bárbaros, empeñados en restaurar el mercado a su volumen anterior a la guerra, buscan ahora retirar la oferta iraní del mercado, bloqueándolo en el estrecho de Ormuz, ¡disminuyendo así aun más la oferta global!

sábado, 11 de abril de 2026

Cae Trump

En la antropología de René Girard (murió a los casi 92 años, el 2015) hay el acto sacrificial simbólico que reemplaza al sacrificio efectivo, y este a su vez reemplaza al asesinato colectivo = muchos que matan-linchan (o expulsan, exilian) a uno solo, acusado, con verdad o no, de perjudicar al grupo. Otros antropólogos recogen esta figura de la conducta política humana: el que ayer fue ensalzado, obedecido es hoy destronado y perseguido.

En junio de 2020, en pleno encierro-pandemia, los gringos estaban con crecientes ganas de linchar, en figura o en efecto, a su presidente. Trump parecía muy a propósito para ser linchado: es arrogante, descarado, desfachatado, truculento, insultante. (O sea que talvez, contradictoriamente, por dentro, sea inseguro, desconfiado de sí mismo, temeroso de fracasar.)

En estos días, comenzando en esta semana que acaba hoy sábado, Trump está siendo linchado simbólicamente en su país y en el resto del mundo: todos se burlan de él; están naciendo negocios basados en burlarse de él, o insultarlo, o amenazarlo. Los videos iraníes estilo lego lo destrozan sin misericordia.

El núcleo destapado y a la vista de la mala disposición mundial anti-Trump es que él guerrea injustamente contra Irán, país soberano y digno, y que, junto al Israel del apartheid, está aniquilando al pueblo palestino, matando en masa a bebés, niños. mujeres, ancianos y hombres en la franja de Gaza. Trump amenazó con acabar a la civilización iraní. Trump recibió de manos de NNUU el título de propiedad de Gaza, y no se tapó la boca para decir que quiere levantar hoteles sobre los escombros del bombardeo israelí, que ocultan a miles de cadáveres palestinos. Es decir que el mundo entero sabe que Trump, Estados Unidos e Israel son culpables de crímenes imperdonables.

Con los recursos a su alcance, el humor, el insulto, la burla, la gente común y cualquiera de todas partes se indigna moralmente y lucha contra la maldad que Trump, EEUU e Israel cometen.

Es claro que Israel está cayendo: hasta hace unos meses, algunos se iban volcando en contra de esos sionistas colonizadores, lo hacían de a poco; en estas semanas, el vuelco es más fuerte, directo, y parece que se va a acelerar. En esta semana, el papa León, el primer ministro Sánchez de España y el presidente Lee de Corea del Sur han condenado a Israel y / o á Trump. Israel va a arrastrar a Trump en su caída.

A Trump le va a ser difícil no quebrarse emocionalmente, no morirse de la vergüenza: el infierno social se lo está por tragar vivo: le están faltando al respeto, empieza a ser políticamente radioactivo = intocable, y le dicen "loser"... no hay peor insulto para los gringos (como decirle "k'epiri" a alguien que vive en la calle y no trabaja, o sea, decirle ganapán, acusarlo de trabajar menialmente, sólo para comer; como un chofer decirle a un ciclista entrometido "alcahuete", alguien débil, indefenso y sin apoyo, que se atreve a "ponerse a sí mismo en peligro" haciéndose al machito).

Da pena. Pero se lo merece.

Poseído de su propia importancia, Trump -- lo dice gente que estudia el humor de comedia -- no es parodiable porque él mismo es una parodia, está más acá de la ironía, es la mofa en persona. No tiene self-awareness (conciencia de sí) y por eso, no sabe avergonzarse (no tiene self-consciousness), no se abochorna. Las 3 reglas que aprendió de muchacho (lo cuenta la película The apprentice): atacar siempre, dando golpes bajos, jugar sucio; en la derrota, no concederla, y no disculparse por nada ya que no puedes equivocarte, son una fantasía lunática. A ellas, Trump aumenta su repetido mostrarse como el ogro mayor, alguien a quien temer mucho. Como empresario, Trump habitualmente no pagaba sus deudas, o sea, estafaba a otros empresarios y defraudaba, vía quiebras, al estado.

martes, 7 de abril de 2026

Tejrán

desde adentro del espíritu, este picar, rasgar cuerdas hinca un garfio de hierro de guerra en la piel de mi ánima -- oyéndolo, soy este hombre desgarrado en este nuestro mundo roto

https://x.com/benoitm_mtl/status/2041274751566721070

https://x.com/iranscreenshot/status/2041135323246133427

-- por si caducan los enlaces puestos arriba, aquí pongo el video:







Ali Ghamsari se puso a sí mismo de "escudo humano" ante las anunciadas bombas estadounidenses en una planta de energía en Tejrán

https://www.tehrantimes.com/news/525249/Virtuoso-Ali-Ghamsari-takes-symbolic-stand-at-Damavand-Power

https://x.com/i/trending/2041159161027887379-

-- usando teléfono para ver este post o entrada, en su versión web, parece que no muestra el video; por eso, conviene ver el post, en la versión teléfono

El árbol de palta del patio y su fruto

Está dando fruto por cuarto año, paltas algo mayores que las paltas pequeñas de este valle, con suficiente carne. Viene dando fruta desde mediado enero. Hasta hace unas semanas, unas cuatro a cinco por semana, pero en los últimos días da hasta dos diarias. Caen del árbol, más que nada en la noche.

Hasta un tercio de las paltas que recojo están picoteadas de pájaros. Antes, pensaba que las escoriaciones, raeduras eran mordiscos de zarigüeya, pero, no, viendo la forma de las heridas en los frutos, forma muchas veces redondeada y con canales largos que van hincándose más hacia el centro del cráter, digo que las heridas tienen que serles hechas a picotazos, no a dentazos.

(El nombre zarigüeya me gusta más que carachupa; ésta es palabra medio fuerte, que asusta; k'arachupha quiere decir, parece, cola pelada; la cola de las zarigüeyas ya crecidas es larga, bastante gruesa en la base, en el trasero del animal, y del todo pelada, hasta su punta delgada. Zarihueya suena exótico, no? Son animales simpaticos aunque nocturnos, son pacíficos para con la gente, pero entre ellas se chillan de modos que a uno le eriza la piel. En la wikipedia dice que son marsupiales. Las muchas pepas de paltas peladas, completamente lisas, que hay en el suelo del engramado patio, deben de ser obra de estos bichos.)

El árbol, que debe tener unos doce años, es nomás delgado, y visto de no tan cerca parece hasta flaco, tiene sus hojas que por temporadas (cuando no lo riego regularmente, como debiera) se van secando desde las puntas, con un color café oscuro, empolvado pero de un oscuro que me gusta harto. A mi reaccionar y volver a regarlo a diario, el árbol va renovándose en las ramas donde se le iban muriendo las hojas, con unas hojitas lustrosas de un color verde claro que da mucho gusto.

El fruto que más me gusta son las paltas: las de aquí, de este valle, pequeñas nomás y de grasa densa; las de altura -- Ayopaya, Independencia -- grandes, de grasa moderada y ligera, y de talante nomás líquido; las peruanas, que son una delicia fresca; las del trópico de Cochabamba, medio desleídas, por despaltarse, pero todavía paltas..., las de Charagua, como las de este altiplano de acá, pero hasta más sabrosas, y bien grandes. El aparcero vecino, que hinca dientes a las manzanas (fruta que a mí me gusta pero no demasiado) se burla diciendo que se las disputo a los pájaros. Lo que no puede ser cierto, porque hasta ahora nunca vi a un pájaro picándolas en el suelo, y es casi siempre del suelo que las recojo. Se nota que a los pájaros, por este tiempo, no les falta mucho qué comer.

El color de la piel de las frutas que caen no del todo crecidas es menos que negro -- por entre zonas de piel con restos grisáceo -- unos tonos de lila y hasta morado, que le quitan a uno la atención, los ojos.

El árbol es propio de Salvador, dueño de este terreno donde vivo, y mi amigo. Gracias, Salva, por el palto, por sus paltas. Ya te voy a acercar unas hasta Cala Cala, uno de estos días.

lunes, 6 de abril de 2026

Tipnis. Los yuracarés

-- Republico esto desde junio del 2010, dieciséis años!

Hola Ricardo:

¿Amashim? (cómo estás)

Los yuracarés son gente buena, yo diría bien hecha, son bromistas, inteligentes, la mayoría son trilingües, hablan yuracaré, español y quechua, algunos inglés también, que conozca son el único grupo étnico que sabe leer y escribir en su idioma. Yo estuve en el territorio en 1997, cuando estaba decepcionada de toda la devastación que había en el trópico de Cochabamba, y recobré la fe al ver nutrias, caimanes, lagartos, osos meleros, delfines, etcétera. Es gente muy sin defectos, se siente espiritualidad, en medio de tábanos, japutanas, tanto riesgo, viven en armonía.

Los yuracarés respetan a los animales que a los collas nos dan miedo, conocen los ciclos biológicos de las plantas, reconocen especies de árboles desde pocos centímetros, saben cuándo los meandros del río van a cambiar, qué frutos ir a buscar y qué cazar, qué animales son hembras para respetar y asegurar la sostenibilidad.

Son gente generosa que por décadas han sido utilizados por montón de aprovechadores que los usaron solo para conseguir financiamientos, gente que nunca llegó al lugar ni convivió con ellos. Históricamente el territorio yuracaré era desde Villa Tunari, Todo el trópico de Cochabamba era la provincia yuracaré. Los nombres de los lugares:

Shinauta = lugar de hormigas Chimoré = almendrillo Sama = agua o río Ota = anta o tapir, que ahora decimos "J" donde ahora está la mancomunidad de municipios Elle = tierra, el río "L" es uno que es de agua color café Eñë = sábalo, es el río "Ñ" y el poblado Lauca Eñe

Todos estos lugares cedidos por un pueblo que no es egoísta y que más bien solo tiene pena de que los collas, como dicen ellos, no sepan vivir.

Cuando estuve en el territorio, estuve alojada en once asentamientos y me tocó ver la subida del río Chapare (subió cinco metros), las casas estaban más o menos adecuadas; la noche anterior los bufeos saltaban río arriba y todos empezaron a mudar sus cosas al segundo piso, las canoas las arrastramos de la playa hasta la casa, una altura de cinco metros. A media noche llegó el agua, me asusté, y ellos estaban felices, porque emprendieron viajes a Trinidad, llegó el pontó con productos de Trinidad, ahorraban gasolina o brazos; las gallinas tenía segundo piso, se usaron las canoas pequeñas para cosechar banano, etcétera.

Ellos viven de la naturaleza y nosotros solo les mandamos contaminación en los ríos, los agroquímicos producen mutaciones, conocí un bebé que nació sin brazos, ahora no sé como están.

Ellos manejan el bosque, su chaqueo es superficial, no dañan el suelo ni cortan los árboles, cazan machos adultos después del apareamiento, los bananos de los yuracarés son los únicos que no enfermaron con plagas importadas.

En realidad no necesitan nuestra ayuda, solo nuestro respeto, y justicia, podemos ayudar haciendo respetar sus derechos. Nosotros más bien necesitamos aprender mucho de ellos, que son científicos sociales, médicos, hidrólogos, ecólogos, forestales, agrónomos, etc.

Cochabamba debe hacer conocer que sus idiomas nativos son el yuracaré, el quechua y el yukí.

Melebati (hasta pronto).

Ximena Maradiegue

-- Adición legal. La nueva constitución de este país reconoce, entre los derechos de las naciones y pueblos indígena originario campesinos:

Artículo 31. I. Las naciones y pueblos indígena originarios en peligro de extinción, en situación de aislamiento voluntario y no contactados, serán protegidos y respetados en sus formas de vida individual y colectiva.

II. Las naciones y pueblos indígenas en aislamiento y no contactados gozan del derecho a mantenerse en esa condición, a la delimitación y consolidación legal del territorio que ocupan y habitan.

http://www.presidencia.gob.bo/download/constitucion.pdf

Espaldarazo entre ciclistas viejos

Hoy día palmeé el hombro de un hombre siete años mayor que yo, mientras le decía que qué bien que a su edad estuviera trabajando todavía. (¿Ven que, secretamente, me daba el espaldarazo a mí mismo? Yo también, a esta edad... trabajo... Gran cosa.) Él es electricista. Su uniforme azul. Su gesto tranquilo, activo él y en paz. Se puso a hablar de dos y tres partes de su cuerpo que, si no las mueve cada día en el trabajo, se resienten. Sin que yo le sugiera este ángulo, o mejor, el par éste de ruedas móviles, me dijo que sus rodillas, cadera, espinazo y hasta su cuello piden bici a diario. Todo esto, aunque no me crean, en dos minutos, al despedirnos. Los ciclistas somos así, sabemos ir al grano.

Guerra de EEUU-Israel contra Irán en la semana sexta

Entró a la sexta semana y parece que se va a alargar más. En ella se juega el presente de un país antiguo con 90 millones, gente, mucha de ella, vernacular, o sea, verdadera, real -- como era Bolivia hasta hace unos sesenta, cuarenta años. País montañoso, difícil de atravesar; y país diverso: hace dos mil y más años, en él, el estado alentaba, celebraba su diversidad de pueblos, no los uniformaba a la fuerza, los dejaba respirar. Son esos pueblos variados los que hoy son atacados sin motivo en su gente civil, no militar; y cuya infraestructura de energía, educación, vías, está siendo destruida. Este lado es Irán.

Al otro lado, la punta de lanza guerrista, avasalladora del imperio de EEUU y su adjunto Israel: en su proyección hacia afuera, desde hace muchas décadas que lo que ambos hacen es desequilibrar a quienes no se les rinden con ignominia, meten caos al mundo, lo desorganizan. EEUU como imperio está tambaleando, y hay los que dicen que esta guerra puede ser su tropiezo final; los dirigentes yanquis creen estar jugándose su hegemonía. Israel es un estado más una sociedad casi del todo genocidas. Israel, los israelíes son los jutis desatados el 94 con cuchillos y machetes contra los tutsis en Ruanda, son los alemanes hace 90 años apretando a sus judíos para quitarles en masa sus vidas en hornos crematorios. Hoy, Israel se está suicidando: recibe el odio de todo el mundo: porque desde hace unos meses lo que sentimos hacia Israel dejó de ser estupefacción y ahora ya es odio abierto y final, y es un odio activo, que avanza a cercar y seguramente pronto, a demoler a Israel. Miles de millones de humanos nos sentimos amenazados directamente por Israel y avanzamos para aplastarlo.

Lo que Israel y EEUU le reprochan a Irán es el hecho de que defienda con efectividad a los débiles de la región: a los palestinos que están siendo exterminados por los yanqui-sionistas, a los yemeníes, maltratados en masa por los saudíes, socios de los yanquis, a los chiítas del sur del Líbano, despojados y desplazados por los israelíes, a los iraquíes, todavía atosigados por EEUU, y hasta hace no mucho, a los sirios, atacados por el mismo par de dañinos guerristas.

¿Quiénes se harán cargo de los escombros sionistas? Decenas o cientos de dirigentes y comandantes sionistas criminales de lesa humanidad y genocidas a los que, por el bien de toda la gente del planeta, habrá que juzgar y, mínimamente, encarcelar de por vida (los dos presidentes estadounidenses genocidas de los palestinos en Gaza también tendrán que pagar en la cárcel su maldad). Decenas de miles de ex soldados israelíes psicópatas asesinos en masa de niños y mujeres, para los que harán falta loqueros masivos y campos de desintoxicación y reeducación. Y gran parte de la población israelí askenazí deberá ser reabsorbida por los lugares de donde hace 80 años salieron sus abuelos, Rusia, Polonia, Ucrania, los países bálticos, Alemania. Qué desastre, qué lástima todo esto.

Pero una cosa grande y hermosa va a florecer allí en la Tierra Santa: una Palestina libre, democrática, con sus palestinos musulmanes y cristianos y sus judíos viviendo en paz, reconciliándose entre sí. Parte esencial de esa belleza han de ser los muchos miles de judíos israelíes antisionistas que por hoy sufren en la carne de su alma los dolores que en estos mismos momentos, los sionistas inflingen a tantos miles de palestinos. Otra parte de la belleza de la patria palestina que nos acecha han de ser las riadas de visitantes solidarios, desde todos los rincones del mundo, y entre ellos, tantos judíos justos y judías sanas, libres, sobre todo, esa judería viva y fuerte de Estados Unidos, que desde hace años está poniendo todo de su parte para la liberación de Palestina.

Acabando esta guerra, ¿qué pasará con Irán? Va a necesitar mucha reconstrucción. Mientras, hay los que dicen que, además de ahora estarle yendo bien militarmente, empieza, por los azares de toda guerra, a irle mejor económicamente in bellum, y que terminada la guerra, puede pasar a ocupar un lugar central en su región. Descalabrados yanquis: Irán les está venciendo.