miércoles, 18 de febrero de 2026

Una cosa banal

Pasando al lado de mi bici quieta, se me ocurre guardar la pregunta: Cada cuánto pinchas llanta?, para mi amigo ciclista al que voy a ver pronto, con la repregunta: Algún día te encontraste en la mañana con tu rueda pinchada que tienes que parchar bajo techo antes de salir a la calle?

Pero luego me dije: Qué ociosa la pregunta! Para qué hablar de pinchaduras? Esa cosa inesperada pasa -- cosa pequeña -- y uno la supera -- la soluciona con un pequeño esfuerzo -- y ya está, uno la olvida... a otra cosa, ciclista.

Se le pincharán ruedas a todo ciclista diario, sin excepción, o habrá algún suertudo al que nunca le pasó el contratiempo? Pregunta ociosa! Pero sigo: ese ciclista único que nunca pincha ruedas (1) se pierde el gusto que uno gana al acabar de cerrar la fuga: Ya está! Lo hice, arreglé la cosa... y fue tan fácil... Y (2) según una ley de las probabilidades, a cada día que no pinche bici aumenta su riesgo de pincharla, con lo que, uy, esa su ansiedad que crece... Por eso, mejor "sufrir" no más de vez en cuando el pequeño problema del aire que se escapa de entre las paredes de caucho de la rueda de la bicicleta de uno, y cuando ocurra, preparar uno el remedio: parche, pegamento, bomba para inflar, bañador con agua para sumergir la cámara, agacharse uno, manos a la obra.

Habrán ciclistas que pinchan las dos ruedas al mismo tiempo, o mejor dicho, una tras de otra, con segundos de diferencia? (A mí nunca me pasó.) El colmo de la mala suerte y el colmo de la pregunta ociosa.

Me tocó una vez parcharle a un amigo la rueda de su bici -- que él había excepcionalmente usado ese día; normalmente se movía en carro a motor. Aplico el remiendo, reviso que tape o cubra bien la fuga, para descubrir ahí una otra fuga. La salvo, reviso, y hallo una tercera... Y un cuarto hueco en esa rueda, y así, hasta no recuerdo qué numero. Ya cansado, voy y le digo que cambie nomás de cámara neumática, que la suya está hecha un cedazo. Me cuenta que, paseando con su bici, se fue a meter a un espinar, lugar lleno de traiciones esparcidas por el suelo... Lo entiendo, pero, igual, qué malasuertudo el hombre; dónde hay un lugar así, tan pero tan mal dispuesto para los ciclistas? Esto, primero. Después: cómo no se va a bajar uno de la bici cuando su rueda ya está baja?, cómo va a seguir rodando uno con una rueda disminuida, inservible? A la legua se veía que ese tipo no era ciclista.

Una desprolijidad. Cuando hay que volver a apretar, de adentro hacia afuera, el parche recién puesto, ya que al revisarlo en la palangana, burbujea; la suerte entonces es que el aire saliente ha impedido que entre agua al entresijo que así queda seco a la espera de los pellizcos que lo va a sellar.

Una chambonada. Parchaste, y al meter la cámara neumática entre aro y cubierta, accionando con la punta del desarmador, palanqueando, empujando, picas, hieres la goma, sin querer le haces otro hueco que pronto desinfla la cosa. Otra vuelta a parchar. Me pasó una mañana en Apote hace mucho. El bicicletero que me había prestado herramientas, muchacho calzado con ojotas y de manos grandes, de agricultor, estaba entonado por un poco más chicha de la que le habría guardado la seriedad. Se rió de mi torpeza, y desarmando él las partes de la rueda, me mostró el lugar de mi picadura y, con gestos de las manos, cómo accionar el destornillador (no de costado, no tocando la goma con una punta, sino de frente, dando su plano a la goma, con delicadeza) para cuidar el caucho, su integridad. Ante su ojo paciente, hice el acomodo de neumático en el redondo de la rueda y, dándole las gracias, pude partir para la escuela de mis hijos entonces pequeños.

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