viernes, 5 de diciembre de 2025

Manzanar en pie

Catorce manzanos que, si no me equivoco, tienen entre 50 y 70 años, de la variedad que, para carnavales, da fruta panzona y aplanada, pesada (con mucho líquido, poco harinosa, jugosa pero dura para mascar, y bastante ácida, rendidora para hacer compota o dulce, mermelada, variedad que creo es pariente del membrillo), árboles de troncos gruesos, un metro a metro y medio más altos que otros manzanos que veo por aquí, en Quillacollo-Vinto. Sus troncos y ramas están muy cargados de líquenes y muy recubiertos de hongos en esta temporada húmeda. Con poca fruta, bastante verde aún, los tres o cuatro a los que me acerqué. Pastaban ovejas a su sombra. El prado manzanado debe de ser de hasta una hectárea. Está a una cuadra, más o menos, al norte de la avenida o carretera Albina R. de Patiño, a la altura del kilómetro 15 y 1/2, más o menos, sobre la calle que va sur-norte llamada, según los letreros-señales, Aurora Norte; la calle este-oeste más cercana se llama Oruro. La calzada, bajando de la carretera, es asfaltada, una cuadra más allá es pavimentada rígida, unas cuadras más allá, empedrada; a las cinco o seis cuadras, es cruzada por la serpenteante calle Beni, que comunica la calle Álamos, barrio Esmeralda, con la M. E. Matenda.

Un amigo mayor que yo (tengo sesenta años), criado en este lugar, me dijo que el parecido manzanar, tumbado hace cuatro a cinco años, de Paucarpata Sur, que estaba casi frente a la entrada a la facultad de veterinaria, con seis árboles (seis que sobrevivían cuando lo conocí, hace 6 años), de altura normal (de tres a 4 metros, máximo, dando, así, muchas de sus frutas al alcance de las manos de la gente), que daba mucho fruto, y bajo el cual había harto pasto, también aprovechado por ovejas, fue plantado, no recuerdo si por privados, por la universidad fiscal, o por quién, como parte de un proyecto o experimento de combinación de uso agropecuario del suelo. Al lado norte de aquel manzanar, tirado por los vecinos para hacer ahí en esos cincuenta por cien metros, canchas de fútbol y para darles campo libre para evolucionar con sus carros, queda una fila de eucaliptos viejos.

La conservación de este manzanar entre Quilla y Chulla es por hoy mucho mejor que la del situado casi sobre el camino viejo = calle Cochabamba, una cuadra al oeste del puente sobre el río Huayculi; muy atacado por el descuido, el tráfico de autos y el vecino descampado donde se vende arena y grava.

Puedo fantasear, hasta puedo ver en la imaginación, como un cuadro al óleo, pintado al estilo casi impresionista valluno de hace medio siglo, entre medio de algunos de los manzanos de uno u otro de aquellos prados-manzanares, jóvenes entonces, en partes muy asoleadas, en claros, y acotados por seto vivo, bastante bajo pero tupido, infranqueable para ovejas y cabras, unos retazos de trigo, aquí, de cebada, más allí. Los verdes, tan variados, de las tan distintas hojas, el amarillo, ya oro, ya pajizo, descolorido, según la estación, del trigo y la cebada, el rosa delicado, hasta traslúcido, de unas flores de manzano, el plomo o gris brillante de unas hileras de piedras chatas, apegadas a los espinudos setos, el blanco sucio, embarrado, según la humedad, de la lana de los borregos, el blanco purísimo de un cordero recién nacido, que apenas se para, el negro de los cuernos cortitos de algunas de las bestias, el café, marrón oscuro de los troncos, según les dé o no, de soslayo, el sol, ĺos celestes del cielo, rayado por unas esponjosas nubes que estira el viento.

De hace seis años: https://cuadernociclista.blogspot.com/2019/10/tres-manzanales.html?m=1 .

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