Una de dos: el dilema existencial de los pueblos árabe-musulmanes ante la arremetida imperial yanqui-sionista
Estados Unidos-Israel (con la pequeña ayuda de Europa, Canadá, Australia, Nueva Zelandia y Japón, y con la connivencia del resto del mundo) dan en las últimas décadas dos opciones a los pueblos árabe-musulmanes del Oriente Medio y el Norte de África: si no se rinden y se dejan desorganizar políticamente, quedando abiertos a todo ataque y expansión imperial yanqui-sionista, se les amenaza con la destrucción definitiva de sus estructuras sociales, estatales, comunitarias, o sea, con borrarlos de la historia.
Se trata de una ofensiva imperial contra los árabes y musulmanes, cuyo inicio lejano es la invasión francesa a Egipto a inicios del siglo XIX, en la estela de la invasión inglesa a la India, unas décadas antes. La continuación fue la apertura franco-británica del canal de Suez. Luego vinieron el derrumbe del imperio turco, la colonización francesa, británica e italiana del Levante y el Norte de África, la entrada a Palestina de colonos judíos llegados de Europa oriental y central, que fueron desplazando a la población árabe. Entre las dos guerras mundiales, las potencias europeas desdibujaron el mapa de la región, desintegrando a pueblos y asegurándose la colaboración de muchos jefes de clanes y familias en la región, para fornar estados débiles y abiertos a las imposiciones imperiales. En 1936-1939, decenas de miles de soldados ingleses, junto a miles de adjuntos judíos, derrotaron la revuelta palestina, lo que abrió paso a la limpieza étnica de 3/4 de millón de palestinos en 1947-1948 y la creación del estado de Israel.
Lo que Estados Unidos e Israel han hecho en los últimos 60 años en el Oriente Medio-Norte de África es desorganizar políticamente a las naciones de esa región. La derrota egipcio-siria de 1967 quitó del mapa la amenaza nacionalista árabe para EEUU-Israel; la capitulación de Sadat en 1979 empujó a Egipto fuera de la política regional, lo puso en retirada, le quitó proyección = dejó la iniciativa al enemigo imperial expansionista. En 1970, Jordania, actuando en nombre de EEUU-Israel, corrió a la OLP fuera de sus fronteras; a mediados de los años 70, la OLP renunció en la práctica al derecho al retorno de los palestinos a su patria, de donde Israel los había expulsado 30 y 10 años antes; en 1982, Israel botó a la OLP fuera del Líbano; esto dejó del todo indefensos a los palestinos del mismo Líbano y de Cisjordania, Gaza y Jerusalén. La OLP capituló del todo en 1993, renunciando a autodeterminación palestina. Contra eso se levanraron los palestinos en la primera y la segunda intifadas de 1987-1993 y 2000-2005.
Estados Unidos invadió Irak en 1991 y de nuevo en 2003, matando a un millón de iraquíes y destruyéndolo. Desde hace veinte años, los civiles de Gaza son bombardeados periódicamente. Las revueltas árabes de hace quice años resultaron en el cierre de la democracia en Egipto y otros países. Yemen, Somalia y Sudán son atacados por EEUU y sus aliados sionistas saudíes y emiratis. Siria es agredida por fanáticos taqfiris formados y apoyados por EEUU-Israel y sus peones árabes. Libia, país que funcionaba bien en interés de su pueblo, fue destruida en 2011 y desde entonces sólo empeora, llegando a haber allí mercados de esclavos, y bandas formadas por Europa para trancar a la fuerza el flujo de refugiados africanos.
La riada de al Aqsa, iniciada el 7 de octubre de 2023, está resultando hasta hoy, enero de 2026, en retrocesos mayores para los palestinos y pueblos de la región. Gaza sigue siendo aniquilada por bala, bomba y hambre, pese al supuesto alto al fuego de octubre pasado. Cisjordania (acorralada por 900 checkpoints, con mil palestinos muertos por Israel en estos 2 años y miles de palestinos rehenes torturados) y, aislada de ella, Jerusalén oriental, están siendo limpiados étnicamente. Hizbolá fue deshabilitado en el Líbano, donde EEUU tiene el control político. Siria fue finalmente deshecha (como antes Irak y Libia, fue despojada de toda defensa militar ante futuras agresiones yanqui-sionistas), con lo que quedó roto el paso de hombres y armas entre Irán y el Líbano. Los rebeldes iraquíes guardaron sus armas. Yemen, que, en apoyo a Palestina, pudo cerrar durante dos años el mar Rojo, fue bombardeado muchas veces por EEUU-Israel, y sigue sufriendo agresión de los aliados árabes del imperio. Irán fue atacado por EEUU-israel y, aunque respondió con fuerza, parece haber quedado débil.
El contexto mundial es de un imperio militarista que, habiendo perdido su dominio exclusivo o unipolaridad, lucha desesperadamente por recuperarlo: busca rodear completamente a sus rivales China y Rusia, ahogarlos económica y políticamente. El futuro de los pueblos del mundo puede ser muy negro si gana EEUU. Israel podría lograr la aniquilación físico-política de la nación palestina, lo que, junto a una posible derrota persa, abriría el paso a la formación del Gran Israel, tragándose a los países vecinos, enteros algunos y otros en parte. La hora es difícil. La solidaridad de gran parte de los pueblos del mundo, despertada por el espectáculo diario del genocidio israelí de los palestimos en Gaza, debe expresarse en los actos de aislar y sancionar a Israel (para arrinconarlo y finalmente desarmarlo como estado de apartheid y genocida, para recrear una Palestina democrática e igualitaria), pero este paso sólo será dado si los pueblos del mundo empujan a sus gobiernos, y esto es algo a verse, algo no dado aún.

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