viernes, 5 de diciembre de 2025

La luz palestina, el abismo sionista

Es mucho el sufrir palestino, cómo no los han aplastado del todo ya, en estos más de cien años de opresión, pregunta mi hija. Le había hablado de que una porción de las familias palestinas, por miedo, vergüenza, por conveniencia, por el terror, colaboran con el enemigo, hasta le nombré a un traidor que lleva nuestro apellido, contra varios otros parientes nuestros, allá, por contrario, dignos. Le dije que ningún pueblo hay en el mundo más libre que el palestino de Gaza, ensordecidos por los drones espías que zumban 24/7, aplastados bajo los escombros amontonados por las bombas sionistas, torturados en las cárceles, inundados por las lluvias de este tercer invierno del genocidio, rebalsados de basura, sedientos y hambreados... pero siempre soberanos, bajo la mira asesina yanqui-sionista, siempre dignos y maestros de todo el resto de los humanos. Pasé a hablarle de Sayed Jasán Nasrala = el triunfo de Dios el padre y Qasem Suleimani el organizador, del precursor Iseldín al Qasán, el fundador jeque Ajmed Yasín, Abu Obaida Kajlut el portavoz, el héroe Yajya Sínwar, el gobernante solidario Abdul Malik Juti, el rehén Marwan Bargouthi, Janan Asrawi la representante, de Raquel Corrie la víctima perfecta, Aarón Bushbell el inmolado, los testigos asesinados Tomás Hurndall, Vittorio Arrigoni y Eisenur Ezgi Eigi, la niña pura y mujer fuerte Greta Thurnberg, los creadores Juda Amuri y Richard Barnard, Jeba Moraisi y Kmron Ajmed que dejaron de comer setenta días en cárceles inglesas por justicia para Palestina, los historiadores Ilán Pappé y Norman Finkelstein, Miko Peled que va dejando de ser israelí y se va volviendo palestino, la reportera Francesca Albanese, el rabino Dovid Yisroel, el refusenik Iddo Elam y Orly la denunciante y poeta, de Leila la valerosa, Yejad el dirigente, los doctores Adnan, Mustafa, Jada y Sámaj, el estudioso Tareq, los poetas Refaat y Ajmed, Ajed la leona e Isa el fuerte de el Jalil, los reporteros Chirín, Anas, Jusam, Bisán y Nora, de Susan la novelista y las abogadas Noura y Diana, del escritor Gasán, el poeta Majmud y Fátima la fotógrafa, de mis amigos Jusein, Shaimaa, Yena Asad, Jalil, Misk y Sujaila, de Gaith-lluvia que vive y de su mamá Mariam-periodista a la que mataron, y de Isa vivo siempre y de su madre, la muchacha Mariam, también viva, le dije que el solo asomar de sus nombres lo hace sonreír alegre a uno, los labios desbordados: Palestina fuente de esperanza eterna.

Le conté del ataque sionista de los bípers y walkie-talkies de septiembre del año pasado, que mató a decenas y dejó mutilados, tuertos, ciegos, mancos a cientos de niños y de mayores, médicos, enfermeros, empleados municipales. Le conté de los miles de dianas logradas por los francotiradores sionistas contra la pacífica, festiva marcha del retorno de hace siete años: disparos a las rodillas, a los muslos, las canillas de niños, fotógrafos, rescatistas, enfermeras, disparos al pecho de cuántos palestinos en sillas de ruedas, ya antes tullidos por Sión. Me faltó contarle del casi millón de olivos descuajados por Israel en Gaza en estos dos años pasados y del número parecido de también olivos matados por Israel en Cisjordania en las décadas pasadas. Me dijo mi hija que, a un lado y abajo del sufrimiento palestino, por ratos, para ella, más dolorosa, estaba la degradación sionista, la crueldad de ese pueblo entero, dedicado, por dos años ya, a aniquilar a sus vecinos a los que, generaciones atrás, ya vencieron, a los que, desde hace décadas ya oprimen. Y todo ¿para qué? Para, socapados, fomentados por el yanqui enemigo de la humanidad, acabar de robarles sus casas, sus tierras, su memoria, su vida.

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