El árbol de palta del patio y su fruto
Está dando fruto por cuarto año, paltas algo mayores que las paltas pequeñas de este valle, con suficiente carne. Caen del árbol, más que nada en la noche.
Hasta un tercio de las paltas que recojo están picoteadas de pájaros. Antes, pensaba que las escoriaciones, raeduras eran mordiscos de zarigüeya, pero, no, viendo la forma de las heridas en los frutos, forma muchas veces redondeada y con canales largos que van hincándose más hacia el centro del cráter, digo que las heridas tienen que serles hechas a picotazos, no a dentazos.
(El nombre zarigüeya me gusta más que carachupa; ésta es palabra medio fuerte, que asusta; k'arachupha quiere decir, parece, cola pelada; la cola de las zarigüeyas ya crecidas es larga, bastante gruesa en la base, en el trasero del animal, y del todo pelada, hasta su punta delgada. Zarihueya suena exótico, no? Son animales simpaticos aunque nocturnos, son pacíficos para con la gente, pero entre ellas se chillan de modos que a uno le eriza la piel. En la wikipedia dice que son marsupiales. Las muchas pepas de paltas peladas, completamente lisas, que hay en el suelo del engramado patio, deben de ser obra de estos bichos.)
El árbol, que debe tener unos doce años, es nomás delgado, y visto de no tan cerca parece hasta flaco, tiene sus hojas que por temporadas (cuando no lo riego regularmente, como debiera) se van secando desde las puntas, con un color café oscuro, empolvado pero de un oscuro que me gusta harto. A mi reaccionar y volver a regarlo a diario, el árbol va renovándose en las ramas donde se le iban muriendo las hojas, con unas hojitas lustrosas de un color verde claro que da mucho gusto.
Este palto viene dando fruta desde mediado enero. Hasta hace unas semanas, unas cuatro a cinco por semana, pero en los últimos días da hasta dos diarias.
El fruto que más me gusta son las paltas: las de aquí, de este valle, pequeñas nomás y de grasa densa; las de altura -- Ayopaya -- grandes, de grasa moderada y ligera, y de talante nomás líquido; las peruanas, que son una delicia fresca; las del trópico de Cochabamba, medio desleídas, por despaltarse, pero todavía paltas..., las de Charagua, como las de este altiplano de acá, pero hasta más sabrosas, y bien grandes. El aparcero vecino, que hinca dientes a las manzanas (fruta que a mí me gusta pero no demasiado) se burla diciendo que se las disputo a los pájaros. Lo que no puede ser cierto, porque hasta ahora nunca vi a un pájaro picándolas en el suelo, y es casi siempre del suelo que las recojo. Se nota que a los pájaros, por este tiempo, no les falta mucho qué comer.
El color de la piel de las frutas que caen no del todo crecidas es menos que negro -- por entre zonas de piel con restos grisáceo -- unos tonos de lila y hasta morado, que le quitan a uno la atención, los ojos.
El árbol es propio de Salvador, dueño de este terreno donde vivo, y mi amigo. Gracias, Salva, por el palto, por sus paltas. Ya te voy a acercar unas hasta Cala Cala, uno de estos días.

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