viernes, 20 de marzo de 2026

para empezar a cocinar

el sonido de las arvejas resecadas al caer de una en una en el pozo del plato blanco de porcelana

están duras, contraídas, van a hervir una hora entera para crecer, asimilando agua, y ablandarse

pierdo una vaina con arvejas, y mi mano que la recupera vuelve con un retazo de tela de araña

los granos en el plato: verdes casi todos ellos, menos los más disminuidos, que van siendo pardos

esparzo las semillas negras y rugosas de achojchas -- parecidas en algo a la forma del cuerpo de la vinchuca -- creo que me atrasé un mes o más en querer tener achojcha, creo que si las plantas brotan, el clima templado las va a alcanzar a medio crecer... pero es cosa de esperar y ver

me falta pelar y picar otras verduras; antes, lavo las papalisas, de una de las que surge un renuevo rosado, mínimo, y una sola papa, que tiene incrustado un brote morado-verde, que no sé si voy a meter a la olla

alrededor, algunos carros a motor, de cuando en cuando, ningún avión, por suerte; mujen unas vacas sedientas, lejos; ningún perro; no pocos pájaros, y los más cercanos tienen que ser chiquitos, por el silbo-chirro que sacan afuera... pero a ellos no los conozco de vista; ahora empieza a sonar, no tan lejos, un motor, debe ser una mezcladora de cemento y arena... gente construye un muro por aquí; hay árboles, algunos con fruta, que fue mi desayuno; y hace un rato deshierbé el contorno de unos cactos, para que tengan más sol; al querer despejar el rededor del último cacto, subieron por mis brazos muchas hormigas, de las que unas cuantas me picaron, suave nomás

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